viernes, 1 de febrero de 2013

Capítulo 27.



Estaba con el armario abierto, mirando de par en par la ropa que se iba a llevar de nuevo a Madrid mientras Rocío, en la cocina, preparaba unas tazas de café, o una taza de leche manchada de café, cuando escuchó unas voces provenientes del salón. Pensó que sería Agus, el novio de Rocío, que había acabado de instalarle unos nuevos programas en el ordenador y se había ido a la cocina.
-¿Qué haces aquí, cómo es que aún tienes llaves?- era la voz de Rocío, y aunque hablaba como en susurros, eso ya no le encajaba. Cristina la notó alterada. Cerró el armario y caminó por el pasillo lentamente, intentando descifrar de quién era aquella voz que aún no podía reconocer.
De la habitación dónde tenía el ordenador, salió Agus, con las manos en los bolsillos. Con los ojos le preguntó lo que Cristina tenía en su mente. “¿Con quién habla?”
Caminar descalza era relajante para Cristina, y cómo era su casa, lo hacía siempre. Siempre. Por eso, al llegar al salón, ninguno de los dos que ya había ahí, pareció reparar en que ella iba descalza y despeinada. Agus se paró detrás de ella, agarrándola por la cintura al ver quién había en el salón.
-Vaya- Murmuró Rocío, dejando las dos tazas sobre la mesa que había delante del sofá. Miró a Agus y sonrió.- Creo que nosotros ya nos vamos. ¿Sí?
-Eh, sí, claro. Si tienes algún problema con el ordenador… -Dijo Agus, pero era evidente que no se refería al ordenador.- No dudes en llamarnos, en llamarme.
Cristina asintió y esperó pacientemente a que ellos recogieran sus cosas y salieran por la puerta. Álvaro se había quedado inmóvil en el comedor, con una chaqueta bajo del brazo, escrutando con la mirada a Cristina, que vestía una camiseta larga, estaba descalza y despeinada. Le encantó. Sonrió de lado, pero ella parecía cada vez más cabreada. Se sentó en el sofá después de haber cogido una taza de café y miró al chico.

-Explícate.
Álvaro fue a hablar, pero no sabía cómo hacerlo. Se había marchado hacía seis meses a París, con Aurélie y ahora había vuelto, sin una llamada, un mensaje o algo. Negó con la cabeza y se dejó caer en el sofá.
-Puedes beberte esa taza de café, Álvaro, creo que Rocio no va a venir a bebérsela.-Álvaro hizo lo que le dijo la chica, y dejó su fina chaqueta encima de una silla; se volvió a sentar en el sofá.
-No sé por dónde empezar.
-Se suele empezar por el principio, sino se considera spoiler.- Cristina, aún enfadada, consideraba su ácido sentido del humor. Álvaro sonrió y le cogió la mano a Cristina, entrelazando sus dedos. Ella no apartó la mano.
-Hemos venido a Barcelona a arreglar unos papeles del teatro. He venido con Aurélie. –Hizo una pausa y miró a Cristina, que se estaba bebiendo el café con la mirada perdida.- Pero he pensado en pasar a verte, y cómo tenía las llaves… he venido.
-Me podía haber dado un infarto si llegas a venir y estoy sola. Sabes que nadie más tiene casa. Me hubiera dado un ataque al corazón.- Dijo seriamente.- Capullo.
-Gracias.- Dijo él aceptando el insulto.                 
-¿Y a qué has venido?
-A verte, a hablar contigo. No quiero que estemos mal.
-No estamos mal.- Negó Cristina con la cabeza.- Lo dejaste todo muy claro cuando te fuiste con ella. Ya no sentías lo mismo por mi, nos lo habíamos pasado bien, habíamos hecho lo que habíamos querido durante casi cuatro años, y ahora, la magia de aquellos días se había desvanecido.
-Te acuerdas de mis palabras.
-Las palabras que te marcan más son las que más recuerdas.
-Entonces… ¿Está todo bien?
-Claro. No lo estoy pasando mal. Simplemente creo que es el karma. Lo que yo le hice a Carlos me viene devuelto.
-Pero tú y yo teníamos una historia.
-Tú te encargaste de destruirla, Álvaro. Carlos y yo también la teníamos, y también la destruiste, no te olvides.
-La destruiste tú.
-Tú ayudaste, ni pusiste ninguna pega en que yo la destruyera.- Cristina lo miró sonriendo.- Te he dicho que está todo bien, idiota. ¿Buscas mi perdón para vivir feliz con Aurélie? Lo tienes. Sé lo que es estar enamorado de una persona y que entre otra en tu vida y te haga olvidarte. Ya sabes lo que dicen, que si amas a una persona, y después amas a otra, es que no amabas lo suficiente a la otra. Y yo me he dado cuenta de que a veces es así.
Álvaro se quedó callado y entonces lo comprendió.
-¿Todavía sientes algo por él?

-Creo que es irremediable. –Dijo ella sonriendo.- Fue como un sueño.-Los ojos le brillaron al recordarlo todo.- Me hacía feliz, ¿Sabes?- Cristina miró a Álvaro, que sonreía complacido al verla tan feliz. Le apretó la mano y se inclinó para besarla. Ella lo miró y dudó unos segundos, después acercó su cabeza y besó a Álvaro.
Él le apretó más la mano y Cristina lo apartó.
-Lo siento, no venía a cuento.
-No, no. -Dijo ella riendo, le quitó la taza de la mano a Álvaro y la llevó, junto a la suya, hasta la cocina. Las dejó en el fregadero y se quedó mirando el grifo. ¿Qué estaba haciendo? Seguramente no volverían a verse, y quería mucho a Álvaro. Caminó de nuevo hasta el salón y se dejó caer en el sofá, miró a Álvaro sonriendo y volvió a besarlo.


Cristina Noyes © 2012