sábado, 13 de octubre de 2012

Capítulo 18.




-Tienes que secarte bien por que si no vas a resfriarte. –decía Cristina mientras intentaba secar a la pequeña Ainara con una toalla rosa.
-Pero es verano, Cris - Protestó la pequeña.
-Ya, pero igualmente puedes resfriarte con el cambio de temperatura.
-Ah. ¿Tú tienes hijos?
-No, yo no tengo - Dijo Cristina y Carlos la miró a los ojos cuando ella levantó la mirada buscándole. –Pero ganas no me faltan.- Dijo al rato y volvió a mirar a la niña.- Y ahora vamos a cambiarte porque vamos a ir a cenar.
-¿Vamos a ir a algún lado a cenar?
-No, pero os voy a preparar la mejor cena del mundo - Dijo Carlos entonces.
-Pero si tú no sabes cocinar - Dijo Ainara poniendo sus manos en su cintura.
-Sí que sé. Díselo Cris.
-Sí que sabe, sí.
-¿Ha cocinado para ti?
-Ha cocinado para mi muchas veces.
-¿Entonces puedo fiarme de que no meta veneno en mi cena?
-Es más, me vas a ayudar a preparar la cena.
-¿De verdad?
-Sí, vas a ser una pequeña cocinera. Ves tirando para la cocina y dime dónde está la harina…
Ainara salió corriendo dirección a su habitación, se cambió de ropa y se puso una camiseta grande con el logo de Auryn y los cinco chicos saltando.
-Siempre me la pongo –Dijo con una sonrisa al volver al comedor.-Dice mamá que le recuerda a cuando todo estaba bien.- Después salió disparada hacia la cocina, allí esperó pacientemente a Carlos.
-¿Pruebas a llamar a Yoli o a David otra vez?
-No van a cogerlo, seguro que no están ni trabajando.
-Son las ocho, estos no van a venir.
-¿Te quedas con el pequeño?
-Voy a cambiarme, lo llevo conmigo, no te preocupes.
-¿Estarás bien?-Preguntó él, poniéndose a la altura, acercándose a ella.
-¿Lo dudas?- Ella se acercó y le besó en los labios. Fue un beso rápido, fugaz, pero ambos se miraron a los ojos y volvieron a sonreír. Cristina cogió a Nicholas y se marchó hasta la habitación a ponerse de nuevo su ropa.

Mientras se vestía y vigilaba que el niño no saltara de la cama mientras jugaba con uno de sus coches, Cristina pensó en lo que acababa de hacer. ¿Qué hacía? Su plan no era ese. ¿Tenía acaso un plan? Ella tenía claro lo que quería, volver a recuperar la confianza que había perdido al marcharse, al huir. Quería volver a estar como antes, amigos si hacía falta. Pero estaba visto que Yolanda no quería lo mismo. Ni ella misma quería que eso quedara en una simple amistad. 
Se estaba volviendo loca. Miró a Nicholas y lo cogió entre sus brazos mientras bajaba las escaleras hasta la planta inferior y hasta la cocina. Cuando entró, se encontró con Carlos y Ainara cerrando el horno y ambos manchados de harina, igual que el mármol de la cocina y el suelo.
-¿Qué habéis hecho?- Preguntó sin dejar al niño en el suelo. 
-¡¡Pizza!! - Gritó Ainara y empezó a dar palmas.
-¿Y con la harina?
-Con la harina hemos hecho la masa.
-Y peleado - Apuntilló Carlos.- Venga, vete a poner el pijama y a limpiarte. –Le dijo a la niña y se marchó alegremente, dando pequeños saltitos. 
-Supongo que me tocará limpiar esto.
-¿Por qué no se lo dejamos a David y Yolanda… ya que nos han encerrado aquí? –Preguntó en un susurro, sonriendo y Cristina no pudo negarse.

Después de cenar y ver la tele un rato, Cristina y Carlos acabaron acostando a los niños, cada uno en su cama, aunque protestaron ya que querían dormir en la cama de sus padres. Acabaron agotados por la lucha de meterlos a dormir y que se durmieran. Antes tuvieron que leerlos un cuento que iba sobre unos animales que acababan montando un grupo musical.

-¿No hay nada en esta casa que no me recuerde a lo que ya no somos?- dijo Carlos dejándose caer en el sofá, al lado de Cristina.- Al grupo, me refiero.- Dijo cuando se dio cuenta de que aquella pregunta se podía asociar a su antigua relación. – Tienen cuentos infantiles que van sobre grupos, los CDs de Auryn los tienen colgados en el despacho de David. En el de Yolanda hay un piano…
-¿Tiene un piano?- Preguntó Cristina.
-No has estado en esta casa, ¿no?
-¡Qué va!
-¿Quieres que te haga un tour?
-No hombre, un tour no, pero que me enseñes la habitación dónde está el piano pues cómo que sí - Le dijo Cristina sonriendo como una niña pequeña, él se levantó y le tendió la mano. Ella la cogió sonriendo. No sabía a lo que estaba jugando, pero le gustaba. 

Caminaron cogidos de la mano, subieron las escaleras juntos mientras Carlos le iba explicando que, durante estos cuatro años, le habían aconsejado que aprendiera a tocar algún instrumento y que, aparte de acabar su carrera universitaria, había asistido a clase de guitarra y piano.
-¿Y vas a tocar algo para mi?- Preguntó Cristina apoyándose en el gran piano de cola.

Carlos se quedó unos minutos en silencio y después se sentó delante de las teclas, abrió la tapa y con cuidado empezó a acariciarlas, haciendo sonar unas preciosas notas. Cristina lo miró tranquila, relajada, admirando aquel momento. Era precioso. Carlos, ella y un piano. Los dedos de Carlos paseaban ágiles entre las teclas, rozándolas levemente cuando no tenía que tocarlas y apretando para que sonaran. 

“I´ve heard there was a secret chord, That David played, and it pleased the Lord, But you don´t really care for music, do you?”

Carlos empezó a cantar, levantando sólo la vista de las teclas en la última parte. Cristina notó cómo se enrojecía. Continuó cantándole a las teclas.

“The baffled king composing Hallelujah. Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah.”

Siguió cantando, pero esta vez cantándole a Cristina, mirándole a los ojos mientras acariciaba las teclas. 

“Her beauty and the moonlight overthrew you, She tied you to a kitchen chair, She broke your throne, and she cut your hair. And from your lips she drew the Hallelujah.”

Esta vez el estribillo lo cantaron juntos, mezclando sus voces, sin alzarlas mucho, pues no hacía falta, la sala estaba en silencio, tan solo roto por las notas del piano y sus voces danzando en la harmonía. 

“Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah…”

lunes, 1 de octubre de 2012

Capítulo 17.


-Oh, ¡mierda!- Murmuró Cristina cerrando las manos en puños y apretando a sus costados.
Al abrirse la puerta de la casa, puerta que estaba separada de ella por un palmo, se encontró con la cara sonriente de Carlos.
-¿Qué haces aquí?- Preguntó él desconcertado. Pudo notar cómo en su pecho su corazón latía con fuerza.
-Yoli me ha llamado para que venga a cuidar de los niños. ¿Tú?
-Lo mismo, pero ha sido David. –Carlos la miró y sonrió.- Lo han tenido que planear.
-No le veo otra explicación.- Cristina estaba preparada para darse la vuelta y marcharse cuando Carlos abrió más la puerta y sonrió de oreja a oreja.
-Pasas, ¿no? No me digas que te vas a ir y me vas a dejar aquí con los niños, que yo no tengo mano para esto, ya lo sabes.- Carlos se calló.- Ya lo hablamos en su día. Tú seguro que tienes mano con ellos, seguro, todas tenéis instinto maternal. A ti se te ha tenido que despertar, ¿has…? ¿Has tenido hijos con Álvaro?
Cristina lo miró a los ojos y notó cómo los recuerdos volvían a su mente, aunque intentó borrarlos.

La ambulancia corría rápida por las calles de Barcelona hasta el hospital que Álvaro les había indicado. Estaba sentado en la parte trasera, aferrando la mano de Cristina mientras le apartaba el pelo de la frente.
-¿Estás bien?- Le preguntó en un susurro, mirándola a los ojos.
-¿A ti que te parece?- Preguntó ella en el tono más fuerte que pudo.- No estoy bien, siento como si me hubieran arrancado algo de mis entrañas…- Y empezó a llorar de nuevo.
Llevaba el vestido subido hasta las rodillas, y estaba lleno de sangre, igual que las medias y las piernas. Las manos le temblaban y no podía decir más de dos palabras sin llorar. Cuando avisaron a Álvaro, no pudo más que cancelar la obra y posponerla una semana más tarde.
-Siento haberlo jodido todo.- Murmuró Cristina, que estaba tumbada en una camilla.- El bebé, la obra de teatro…
-No sientas nada, ha pasado y ya está.
-Siento que se acabara Auryn por mi culpa.-Murmuró.
-¿Qué? No, no, de eso nada, no acabó por tu culpa, y ahora no pienses en eso.
La ambulancia se paró y rápidamente abrieron las puertas de la ambulancia y sacaron la camilla de Cristina. Álvaro soltó su mano y caminó detrás de la camilla mientras Cristina lloraba. 
-Tenemos que llevárosla a la consulta ginecológica y ahí ya veremos. Puede esperar aquí. –Le indicó uno de los médicos que la había atendido rápidamente nada más entrar por la puerta de urgencias.
Álvaro se quedó en aquella sala pequeña, con dos sofás y unas revistas viejas y manoseadas. El reloj iba demasiado lento, o eso le parecía a él. No podía parar de andar de un lado a otro. Envió mensajes para calmar a los amigos de Cristina que estaban con ella en el teatro, para explicarles que cuando saliera ya les avisarían. Se había puesto nervioso, había tenido que salir corriendo del teatro, vestido con la ropa de la obra. Le pidió a Rocío, amiga de Cristina, que pasara por casa y le cogiera unos pantalones y una camiseta antes de pasarse por el hospital.
Una hora después un médico le informó del número de habitación en el que se encontraba Cristina, llevándole hasta allí mientras le indicaban que, efectivamente, habían perdido al bebé. 
Entró a la habitación, las luces estaban apagadas pero podía escuchar la respiración entrecortada de Cristina. Movió el pequeño sofá, acercándolo a la cama y ambos se quedaron dormidos con sus manos entrelazadas.

Cristina negó con la cabeza y entró en la casa.
-Mejor que no hablemos de eso ahora.
Carlos cerró la puerta y la acompañó hasta el comedor, dónde Ainara estaba sentada en el sofá viendo la televisión y Nicholas se peleaba con un coche de juguete de color púrpura.
-Hola pequeñines.- Dijo ella. Dejó el bolso encima de la mesa y se arrodilló para darle un beso al niño.-Este debe de ser el pequeño Nicholas.
-¿No los conoces?
-No he tenido la oportunidad de conocerlos.
-Yo soy Ainara.- La niña bajó del sofá y caminó hasta Cristina con la mejor de sus sonrisas.
-Yo a ti sí que te conozco.- Dijo Cristina sonriendo.- Tengo que tener alguna fotografía por ahí contigo de bebé…
-¿Eres la novia del tito Carlos? – Carlos se agachó hasta estar a la altura de la niña y negó con la cabeza.
-Es solamente una amiga de mamá y papá. Se llama Cristina. –Dijo él con la voz calmada.
-¿Tú no la conocías, por qué la has invitado?
-Me ha llamado mamá.- Dijo Cristina. No tenía instinto maternal ni paciencia para tratar con niños. Iba a ser una noche larga.-Voy a dejar las cosas y ahora vengo a jugar con vosotros. ¿Sí?
-¿Podremos bañarnos en la piscina?-Ainara miró a Cristina a los ojos.
-Por mi no hay ningún problema.- Dijo Cristina.
-Te llevaré hasta la habitación de mamá para que puedas cambiarte y dejar tu bolso. – Y la pequeña empezó a caminar por el comedor. Carlos las miró desde lejos, desde el suelo, dónde estaba con Nicholas, que no se enteraba de nada de tan pequeño que era. Las miró
sonriendo mientras Cristina le miraba y le sonreía de manera infantil, divertida. Carlos bajó la vista hacia el niño cuando las dos desaparecieron y se imaginó cómo hubiera sido su vida si su lío con Verónica nunca hubiera ocurrido y Cristina nunca lo hubiera dejado en el altar. Su vida sería así, viviendo en una casa grande, con piscina, y con dos hijos, o tal vez tres, y un perro.

Al cabo del rato, Cristina apreció otra vez por el comedor con una camiseta larga y semitransparente que dejaba ver un minúsculo bikini negro e iba acompañada de Ainara, que llevaba un bañador naranja de flores. Ambas salieron corriendo hacia el jardín a la piscina. Carlos las siguió con los ojos hasta que les perdió la pista y escuchó el chapoteo del agua.
-¿Te apetece que nos metamos en la piscina, pequeño?- Le preguntó a Nicholas.
-Brum, brum. Oche. –Le contestó el niño, elevando un coche.
-Pues me quedaré aquí contigo jugando con los coches.- Dijo Carlos y cogió un coche amarillo.


Cristina Noyes © 2012

Capítulo 16.




El sol entraba por la ventana de la cocina mientras la cafetera dejaba caer el último chorrito de café. Se podía ver la calle desde esa ventana, la gente paseaba tranquila, admirando el buen día en el que habían amanecido. Cogió la taza de café y anduvo hasta la mesa del comedor, dónde dejó la taza. No parecían las tres de la tarde, al menos para ella.
Idiota. Era una idiota. Se había pasado toda la noche, y parte de la mañana repitiéndoselo.
Lo tenías ahí, todo para ti. ¿Cómo has podido ser tan imbécil, no es eso lo que venías buscando?- Le preguntó su voz interior.
-¡No!- Gritó y dejó la taza otra vez en la mesa.- ¡No quiero que sea así, tampoco sé si quiero que sea! ¡Maldita sea! –Llevó la taza hasta el fregadero, la dejó ahí y se encerró en su habitación.

-Esto no va a funcionar, es de locos. Y nos van a matar, ambos - Murmuraba Yolanda mientras lo preparaba todo.
-Escúchame - David la paró y la cogió de las manos.- Todo va a salir bien. Piensa por qué lo haces.
-¿Por qué lo hago?- Pregunto ella sin saber a qué se refería.
-Porque les quieres y quieres que vuelvan a estar juntos.
-Me van a matar. ¿Tú sabes si ellos quieren volver? No, no lo sabes. ¡Nadie lo sabe!

David negó con la cabeza, había sido una mala pregunta.
-Déjalo estar. Anoche se fueron juntos, algo pasaría, ¿no?
-¿Tú crees?
-No tienes esperanza puesto en esto - Murmuró David. Yolanda negó con la cabeza y cogió a Nicholas, lo llevó hasta el comedor y lo dejó en el suelo para que jugara con sus juguetes.- No me puedo creer que ahora te eches para atrás cuando tú eras la primera que quería que esto funcionara. ¿Sino para qué te tomaste la molestia de llamar a Cristina e informarla de todo lo que hacía o dejaba de hacer Carlos? Te recuerdo que fuiste tú quién le dijo la cafetería en la que se tomaba el café, y a qué hora, y también le dijiste dónde trabajaba. ¿Le dijiste dónde vivía?
-Sí - dijo ella sin mirarle a la cara.
-¡Ves!- Gritó David y el pequeño lo miró extrañado. –Vamos a la cocina. –Murmuró llevándose a Yolanda hasta la cocina, cerró la puerta y la miró a los ojos.-Tú lo arreglaste todo para que volvieran a verse y ahora no quieres que estén juntos.
-Es que yo no sé si ellos quieren estar juntos.
-Que se marcharan juntos anoche, dejándonos a todos, y a Carol, ahí, tal vez quiera decir algo.

Yolanda suspiró.
-Van a matarme.
-¡Calla y marca su número!- David se marchó a la otra punta de la cocina y marcó el número de teléfono de Carlos.

En la otra punta de la ciudad, Cristina estaba luchando por ponerse unas medias. Las odiaba, y al final, después de haber roto dos pares, se dio por vencida. Las dejó caer en el suelo y ella se tumbó en la cama. Su teléfono sonó en la cocina y salió corriendo. ¿Sería Carlos? Se preguntó cómo una quinceañera. En el fondo lo era. El nombre de Yolanda salía en la pantalla y ella lo cogió con una sonrisa.

 -Buenos días - Dijo Yolanda, estaba nerviosa, pero no tenía que notársele o no saldría bien.
-¡Buenas!- Dijo Cristina- Hace solamente unas horas que me he levantado- Le aclaró.- Así que para mí sí que son buenos días.
-Lo sabía, y por eso te lo he dicho - Ambas rieron.
-¿Cómo va todo?- Preguntó Cristina.
-Bien, eh… esto… te llamaba porque quería pedirte un favor.
-Claro, dispara.
-Es que estoy trabajando y los niños están en casa, con David, y le han llamado que ha surgido un problema con uno de los cantantes a los que representa y tienen que ir a ver a un abogado y no sé qué más.
-Sí…- Murmuró Cristina, no sabía qué pintaba ella en todo eso.
-Y he llamado a la niñera que tenemos siempre, pero no puede venir.
–Silencio, un suspiro.- ¿Te importaría venir hoy a cuidar de ellos? Será solo hasta la noche.
-Sí, claro - Dijo Cris.
-¿No tienes nada que hacer, no interrumpo nada?
-No, ¡qué va! ¿Crees que tengo muchas cosas que hacer aquí? Me estaba peleando ahora con unas medias e iba a salir a dar una vuelta, pero no pasa nada, puedo pasear otro día, o llevarme a tus hijos.
-Claro, como quieras. ¿Vienes en coche?
-No, aún no lo tengo aquí, iré en taxi, ¿me das la dirección?
Yolanda le dio la dirección mientras le guiñaba un ojo a David, en señal de que todo había ido bien.
-¿Y a qué hora voy?
-En una hora o así David sale de casa, si puedes llegar a las cuatro y algo… perfecto.
-¡Perfecto! ¿Llevo algo?
-Si quieres puedes traerte un bikini, para la piscina.
-¿Tenéis piscina?
-Tenemos, tenemos.
-Vale, me estoy imaginando tu casa.
-¡Es verdad, que tú nunca has estado! Le puedes pedir a Ainara que te haga un pequeño tour… Oye te dejo, que tengo que preparar las cosas. ¡Eres un sol!- Y Colgó. Pegó la espalda a la pared y suspiró, miró a David, que estaba tejiendo su gran mentira 

-Sí tío, tienes que venir, la niñera nos ha fallado y tengo que irme. Yolanda está trabajando.
-Pero… Tío yo había hecho planes.- Dijo Carlos.
-¿Planes? -Quiso saber.
-Había pensado… Bueno, había pensado ir a visitar a una amiga, pero si no hay más remedio me encargo de tus renacuajos.
-Gracias tío.
-¿A las cuatro ahí?
-Sí, claro - David colgó y miró a Yolanda.- No nos van a matar, tranquila.
-No estoy muy segura. Se me va a atascar la cena.

David la besó en la mejilla y la abrazó. Se les había ocurrido planear todo aquello en unos cinco minutos. La mentira era buena, ambos tenían que trabajar y la niñera no podía quedarse con los niños. Perfecto. Ellos aprovecharían la tarde para ir a dar una vuelta y a disfrutar, como al principio, cómo si no tuvieran hijos. Después irían a cenar, seguramente volverían tarde a casa.

Cuando Carlos llegó, Yolanda ya se había ido, estaría esperando a David dentro del coche, en la siguiente calle, para hacer más real la mentira de que estaba trabajando. Ainara acudió corriendo a abrazar a Carlos, y esta la cogió en sus brazos mientras que David le iba dando los consejos de lo que tenía que hacer. David se marchó besando a sus hijos y dejando a Carlos en medio del comedor viendo los dibujos con los niños.

Un cuarto de hora más tarde, un taxi blanco daba la vuelta a la calle y se paraba delante de la casa. Cristina pagó y salió con sus gafas de sol y un corto vestido de flores. Así como un gran bolso dónde llevaba el bikini, por si acaso, y todas sus cosas. Se quedó parada ante el tamaño de la casa, por lo menos tenía tres pisos. Se acercó y llamó al interfono de la entrada.

Carlos salió corriendo. No esperaba a nadie.

-¿Quién?- Preguntó.
-¡Soy yo!-Dijo Cristina sonriente y animada.
-¡No te esperaba tan pronto!- Dijo Carlos y le abrió la puerta de la valla.

Carlos esperaba a Yolanda, y Cristina a David, por eso, la cara que se les quedó a ambos, cuando Carlos abrió la puerta de la casa, fue épica.



Cristina Noyes © 2012