A Cristina le vino todo a la mente, cómo si alguien la controlara e hiciera que todos los recuerdos le llegaran de golpe a la mente. Miró a Carlos que estaba atónito, sin decir una palabra, mirando fijamente a la alfombra. Cristina se sentía fatal, tenía ganas de llorar, de tomar pastillas, de beber alcohol. Pero no podía hacerlo. Sabía todo lo que estaba pasando por la cabeza de Carlos. Todo. Porque ella también lo había pensado. Había barajado todas las ideas posibles cuando se enteró de que, en efecto, estaba embarazada, y que era de Álvaro, del que se había despedido hacía unos tres meses y de quién esperaba no volver a saber nada en mucho.
Carlos levantó la vista. Cristina había parado de llorar y lo estaba mirando, pero tenía la vista perdida, estaba pensando en qué hacer, qué decir para romper el silencio.
-¿ibas a… ibas a decírmelo?- Preguntó Carlos con la voz entrecortada.
-Iba a hacerlo cuando todo entre nosotros iba bien. Porqué iba bien, y quería estar contigo aunque eso no era lo que yo tenía en mente al volver. Pero después pensé que me odiarías, así que pensé que… -Cristina negó con la cabeza y se encaminó a las escaleras negando con la cabeza. Cuando iba a subir un peldaño se giró.- No, no, estoy loca, pero no voy a volver a huir. – Cristina volvió al lado de Carlos, que la miraba atónita y se dejó caer sobre el sofá- Sabes qué… No.- Se cortó, cogió aire y cerró los ojos. Notó las manos de Carlos que se entrelazaban con las suyas y abrió los ojos y lo miró.
-Coge aire. Tómate tu tiempo. –Dijo él tranquilizándola. Ella notó cómo le temblaban las piernas, suerte que ya estaba sentada. Negó con la cabeza y sonrió lo que pudo.
-Es que eres tan bueno conmigo, después de todas las putadas que te he hecho. Me odio aún más por esto. Por todo, por la boda y ahora por esto del bebé. –Ella empezó a llorar de nuevo, y volvió mandarse serenarse. No podía estar toda la vida lloriqueando por sus acciones.- ¿te acuerdas que te conté mi problema con…? -Señaló su vientre, mordiéndose el labio inferior.- Sabes que no puedo… que me costará, que me costaría.- Se rectificó.
Carlos la miraba esperando que ella se explicara mejor. Sabía a qué se refería, pero no sabía a qué venía. La miraba con amor, con el amor que él, a pesar de todas las cosas, aún seguía sintiendo por esa chica.
-Álvaro y yo íbamos a tener un bebé. – Dijo ella en lo que pareció una sonrisa.- Y justo en el estreno de su obra de teatro, mi cuerpo prefirió deshacerse de nuestro bebé. –Cada palabra le dolía en lo más hondo. – Entré en un bucle de desesperación, se suponía que ya tenía mi vida hecha con Álvaro, que nos iba bien, y que por eso, estaba decidida a tenerlo. Pero lo perdí. – Dijo intentando aguantarse las lágrimas.- Lo perdí y no pude hacer nada. Me odié cada día que pasaba por que no era lo suficientemente buena para darle un hijo a Álvaro.- Hizo una pausa y pensó si lo que estaba haciendo era lo correcto.- Y entonces, cuando Álvaro me dejó, supe que todo lo malo que me había estado pasando había sido por todo lo que te hice. Y quise venir a arreglar las cosas…-Cristina suspiró profundamente y volvió a tragarse sus lágrimas.- Pero antes de venir me encontré con Álvaro, justo un día antes de volver a Madrid. Y quise tener un buen recuerdo de él.- Cristina asintió, ahora al recordarlo, se arrepentía de haber hecho lo que hizo.- No estuvo bien, lo sé, pero tenía que hacerlo, tenía que acabar bien con él, acabar como amigos que una vez tuvieron algo.
-¿Lo… lo sigues queriendo, te sigue gustando?- Preguntó Carlos temeroso.
-No, no, no.- Cristina negó rápidamente con la cabeza. – Lo he visto aquí fuera y no he sentido nada. Rabia, por que no sabía cómo puede saber que estábamos aquí, y por cómo me ha tratado. Nada de amor, no lo quiero, no me gusta.
-¿Sabe qué…?- Carlos miró al vientre de Cristina.
-Lo sabe ahora. Me ha visto y no sé cómo, lo ha sabido.
Se produjo un silencio incómodo en el que ninguno de los dos dijo nada por unos segundos.
Las ideas fluían por la cabeza de Cristina, quería decirle tantas cosas y no sabía ni por dónde empezar.
-Carlos…- Bajó la mirada, pues no sabía cómo formular la frase.- No quiero perder a este bebé. No sé cuándo podré volver a quedarme embarazada… Sé que es duro, no sé ni cómo decírtelo, yo…
-Cris.- Carlos le acarició el mentón y la miró. Estaba serio, pero podías ver que en sus ojos brillaba algo de alegría.- Te quiero, y quiero que seas feliz, y sé que esto es duro para ti, y sé que te va a costar, lo he sabido siempre, hemos ido juntos al médico, sé lo que es, he pasado por esto, he tenido verdadero miedo por pensar que nunca llegaría a tener un hijo contigo. – A Carlos se le entrecortaba la voz y Cristina no pudo aguantarse más las lágrimas.- Te quiero Cristina, siempre lo he hecho, desde el primer día que te vi en aquél concierto, pasando por el día en que me dejaste en la iglesia, creo que ese día te quise más, mucho más, por haberme hecho ver que la había cagado y vi lo fuerte que eras, y me enamoré más de ti. Y te quiero ahora, mucho, y quiero que tengas ese bebé, porque pienso cuidarlo y quererlo igual que lo hago contigo.
Cristina empezó a llorar. Sollozaba y parecía que se iba a ahogar, tuvo que soltarse de las manos de Carlos para taparse la cara y la boca. Tenía que calmarse o le iba a dar algo. Sobretodo porque su médico le había aconsejado que podrían dañar su embarazo. Carlos se quedó ahí parado. La estaba viendo llorar cómo nunca antes la había visto y no sabía cómo actuar. La quería, y el amor que le profesaba era inmensurable, por esa razón entendía que los problemas de Cristina para quedarse embarazada, así cómo para que sus embarazos fueran exitosos, eran lo más importante para ella y por una vez que lo había conseguido, no tenía por qué renunciar a ello.
Iba a quererla a ella, con sus pros y sus contras, teniendo una historia por detrás, más o menos turbia que las de otras personas, e iba a querer a ese bebé, aunque por sangre no fuera su hijo, en corazón sabía que ya lo era.
Cristina Noyes © 2012






