martes, 18 de septiembre de 2012
Capítulo 15
-No sé por qué te portas tan bien conmigo, después de lo que te hice.
-Tenías tus razones para hacerlo. Yo también lo hubiera hecho. No te culpo, me porté como un completo idiota con todo lo de Verónica.
Carlos le quitó los zapatos de tacón y los dejó caer al suelo, haciendo un estrepitoso ruido. Cristina subió las piernas y las escondió bajo la falda del vestido. Nada más Carlos la había dejado sobre el sofá, ella se había hecho un ovillo con sus propios brazos y lo había mirado, callada, mientras él se quitaba la chaqueta del traje y la dejaba encima de uno de los sillones.
-Pero no tenía que haberme ido con Álvaro.
-En eso sí que no estoy de acuerdo contigo.- Le dijo Carlos, con una leve sonrisa, mirándola a los ojos. Ella puso los ojos en blanco.- Va siendo hora de que me marche.- Dijo él levantándose del sofá.
-¡No!- Dijo Cris, incorporándose y cogiendo el brazo de Carlos.- No te vayas. Es muy tarde, puedes quedarte aquí.- Él la miró a los ojos durante unos segundos, y después su vista bajó hasta el brazo de Cris. Lo tenía agarrado con fuerza. Él miró el tatuaje.
-¿Es por Álvaro?
-¿Qué?- Preguntó ella. Su cabeza estaba en las nubes, demasiado alcohol.
-El tatuaje –Aclaró él, soltándose de la mano de Cris y acariciándoselo. Ella se estremeció por el contacto y miró los dedos de Carlos moverse lentamente sobre su piel, sobre aquellas palabras tatuadas en inglés. Se acordaba de cuando se lo hizo y del por qué. Pero no era el momento de explicarlo.
-No - Negó Cristina, captando de nuevo la atención de los ojos de Carlos. Este la miró a los ojos y supo que no mentía. Ella se sentó mejor en el sofá, sin apartar su brazo de la mano de Carlos, que seguía acariciándola lentamente.
De golpe, los ojos de Carlos bajaron hacia los labios de Cristina y el silencio se hizo incómodo. Carlos se abalanzó sobre ella sin pensárselo ni un segundo más. Apartó las manos de sus brazos y le cogió la cara entre ellas, besándola sobre los labios con ímpetu. Poco a poco se abrió paso con su lengua entre los labios de Cristina, ella no opuso resistencia.
Ambos cayeron encima del sofá, Cristina se golpeó la cabeza con el brazo y ambos se separaron, riendo, durante unos segundos. Se miraron a los ojos y esta vez fue Cristina la que se lanzó a besar a Carlos. Cogió su labio inferior con los dientes, dándole un leve mordisco y tirando de él. Volvió a besarlo con más ganas. Carlos bajó sus manos por los hombros de Cristina, llegó hasta sus pechos y los acarició por encima del vestido, bajando después hasta las caderas, ahí posó sus manos, mientras que Cristina se había entretenido en el pelo del chico.
Él empezó a subir la falda del vestido de Cristina, lentamente, mientras la acariciaba con cariño. Cristina se separó de Carlos y suspiró, con los ojos cerrados. Sus frentes se tocaron y Carlos la miró. Estaba preciosa. Estaba sudada, con el maquillaje corrido y un tono rosado en sus mejillas. Sonrió para sí mismo, puesto que nadie más podía verlo y depositó un beso en su frente, mientras metía las manos por debajo de su vestido.
-¡No, no, no, no!- Exclamó Cristina, abriendo los ojos de golpe y encontrándose con los ojos de Carlos que se preguntaban qué pasaba, qué estaba mal. Cristina separó a Carlos de ella y lo miró a los ojos.- No,- Negó con la cabeza.- No podemos Carlos. No ahora, no así.- Murmuró.
Carlos se echó hacia atrás y se levantó del sofá. Lo había vuelto a ver en sus ojos. Había vuelto a ver el miedo de Cristina. Decidió coger su chaqueta y despedirse de ella con un beso en la mejilla. Cristina, en el sofá, quieta, paralizada, escuchó cómo se cerraba la puerta de su casa.
-¿Qué haces? ¡Nos van a escuchar!- Dijo Yolanda, entre risas y besos, pegada a los labios de David.
-No. ¿Qué dices? Llevan durmiendo horas…- Murmuró David mientras intentaba bajar la cremallera del vestido de Yolanda. Ella se quitó los zapatos mientras reía estrepitosamente.
Se habían despedido de la niñera, aunque les costaba enviarla a casa a las cinco de la mañana, pero ella les había prometido que llegaría bien a casa y que estaría bien. Habían subido los escalones hasta la segunda planta entre besos, caricias y abrazos, y estaban empeñados en acabar esa fantástica noche en la cama. Sin ropa.
El vestido de Yolanda cayó al suelo y David se retiró unos pasos hacia atrás para contemplarla en ropa interior. Ella sonrió tímida.
-Me vas a decir que te da vergüenza - Murmuró él.
-¡Es el cava!- Dijo ella y lo abrazó por el cuello, volviéndolo a besar. Rápidamente empezó a desabrochar los botones de la camisa y se la quitó. La dejó caer al suelo y después se puso a desabrochar el pantalón y el cinturón. David la cogió en brazos, obligándola a cogerse a él con sus piernas por la cintura y la llevó hasta la cama. La dejó caer y se quitó los pantalones. Después se lanzó encima de ella y empezó a besarla de nuevo en los labios, jugando con su lengua ferozmente mientras recorría su cuerpo con la yema de sus dedos, erizando cada milímetro de su piel. La besó por el cuello, dándole pequeños mordiscos y volviendo a besar dónde había clavado sus dientes.
Después de cinco años, seguían con la misma fogosidad que la primera vez. Ella le clavó las uñas en la espalda cuando notó que él la penetraba y se apartó de sus labios para gemir levemente. Puede que fueran los efectos del cava, pero era una de sus mejores noches.
Cristina Noyes © 2012
martes, 11 de septiembre de 2012
Capítulo 14.
Carlos y Cristina seguían ahí, abrazados, bailando lentamente, al ritmo de la música. Cristina ya no lloraba, se había calmado y concentrado en las palabras de la canción, aunque no podía negar que estuviera muy bien entre los brazos de Carlos. Volver a sentir sus manos aferrándose a sus caderas estaba genial, y volver a oler su colonia… No la había cambiado, seguía siendo la misma, no como ella, que cada poco tiempo cambiaba de colonia porque había salido una nueva y le gustaba más ese olor que el anterior.
Carlos adoraba volver a sentirla entre sus brazos. Pero no podía decirlo, se había prometido que no lo diría, no le diría lo mucho que la había extrañado, lo mucho que la había necesitado. Inspiró una vez más el aire, en el mismo momento que Blas cambiaba de canción.
Cristina se separó de él, y Carlos negó con la cabeza. Blas empezó a cantar otra canción, conocida por todos los que estaban en la sala y Cristina sonrió al recordarla. Carlos volvió a estrecharla entre sus brazos y se movieron lentamente, al ritmo de la canción.
“Una historia que no existe todavía, unas cartas recordando nuevos días…”
Yolanda, al otro lado de la pista de baile, no podía apartar su mirada de Cristina y Carlos, ni ella ni ninguno de los presentes en aquel baile. David la había avisado de que se habían puesto a bailar, pero ella no se lo había creído, hasta que lo había visto con sus propios ojos. Se emocionó por ver a sus amigos otra vez juntos, aunque no sabía si sería para mucho. La vista de David también acabó en ellos. Los miró durante unos segundos y le vinieron a la cabeza tiempos pasados.
Aquellos tiempos en los que estaban los cinco chicos de Auryn de juntos, cuando empezaron, cuando formaron el grupo. Cuando salían todos juntos. Se acordó de cómo conocí a Yoli, la primera vez que la vio en uno de sus primeros conciertos. Se acordaba de cómo había conocido a Cristina, y sobre todo de que Carlos les había hablado, fascinado, de una chica que había conocido, a la que le dolía mucho la cabeza por haber salido de fiesta el día anterior de ir al concierto. Les contó que le había parecido la chica más guapa.
Carlos entró corriendo a la parte de los camerinos. Estaban acabando de darle los últimos retoques con laca al pelo de Álvaro, este le miró sonriendo.
-Ha tenido que ir a buscarte Magí. ¿Qué hacías, no encontrabas la puerta?- Preguntó socarrón, dirigiéndole una sonrisa pícara de las suyas.
-No, me he encontrado con alguien –Dijo Carlos sonriente, con los ojos brillantes y se dejó caer encima de un sofá, al lado de David y de Dani, que estaba con su teléfono móvil.
-Uy. Ya lo estás soltando - Dijo David, sentándose bien en el sofá y mirando a Carlos a los ojos. En un segundo llamó la atención de todos, que miraron a Carlos esperando una respuesta.- ¿Una de las antiguas?- Con eso se refería a si era alguna de las fans que habían estado desde el principio.
-No.- Negó Carlos con la cabeza.- No la he visto nunca, eh.- Dijo rascándose la parte trasera de su cabeza.
-Yo te he visto hablar con ella - Entró Magí en la sala, dejó su teléfono móvil encima de una mesa y miró el pelo de Álvaro. La peluquera lo estaba haciendo bien.
-¿Y a ti te sonaba, Magí?- Preguntó Blas, intrigado por saber más sobre aquella chica.
-No me suena de haberla visto nunca.- Dijo Magí.- ¿De qué habéis hablado?
-De que le dolía la cabeza y que nuestras fans no ayudaban a que se le pasara el dolor. Le he preguntado si se ha tomado algo y me ha dicho que sí, pero que seguía encontrándose mal.
-A ti…. - Dijo Álvaro sonriente, dándose la vuelta en aquella silla giratoria.- a ti te ha molado la chica esta, ¡eh!- Carlos rió socarrón por el comentario de su amigo, pero aquella chica le había calado y haría todo lo posible por volver a verla. Ambos lo harían.
-Creo que deberías marcharte ya a casa.
Blas seguía cantando. Su preciosa voz seguía llenando el lugar, pero Cristina y Carlos hacía rato que se habían sentado ya. Cristina se había mareado mientras bailaba, y había agarrado dos copas más de cava y se las había bebido rápidamente. No paraba de reír y de hablar por los codos. Hablaba con todo el mundo y de cualquier cosa. Carlos la arrastró hasta el final de la sala, la sentó en una silla y le arrebató la última copa de cava que había cogido.
-Creo que has bebido demasiado.- Le dijo él en un tono paternal. Cristina negó con la cabeza y se apoyó en el hombro izquierdo del chico. –Venga, que te llevo a casa.
Cristina Noyes © 2012
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