miércoles, 29 de agosto de 2012
Capítulo 13.
Llevaba un precioso vestido negro, largo, y semitransparente a partir de media pierna. El escote era bastante pronunciado, y los dos pechos se aguantaban casi por ley divina. Debían de ser operados, pensó Cristina. Llevaba el pelo, castaño oscuro, recogido en un moño bajo y al lado, y llevaba en la cara una sonrisa triunfal mientras entraba, a cámara lenta, en la sala. Ella sonrió por algo que le había dicho Carlos, y se acercó a su oído y le contestó, ambos rieron y bajaron los dos escalones que les quedaban.
Cristina no dijo nada, simplemente se quedó ahí delante, mientras aquella chica entraba en la sala, del brazo de Carlos. Sintió la mano de Yolanda que le recorría la espalda, después pasó por su lado y la miró preocupada.
-Yo tampoco sé quién es - Murmuró Yolanda y rápidamente cambió de cara, sacó su mejor sonrisa y fue a saludar a Carlos.
Los demás hicieron lo mismo, dejaron atrás a Cristina y fueron a saludar a Carlos y a la chica misteriosa. Cristina podía oír su risa aterciopelada por encima del ruido de la sala. Bajó la vista hasta su bolso y volvió a tomarse una de sus pastillas, iba a ser una noche difícil.
Después de varios minutos sola en el centro de la sala, Cristina empezó a caminar buscando un lugar dónde sentarse, pero una mano en su hombro la paró. La mano de Carlos se paró en su hombro, y le dio un leve toque, después se apoyó en el hombro y descendió, lentamente, acariciando cada parte de su brazo, bajando hasta el codo, ahí la cogió y le dio la vuelta, lentamente. Estaban a menos de un palmo de distancia y Cristina le miraba directamente a los ojos, podía sentir la respiración del chico sobre su barbilla. Carlos balbuceó y después murmuró, casi en un susurro.
-Quiero presentártela. –Carlos bajó su mano hasta la mano de Cristina, ahí la abrió y entrelazo los dedos.
Cristina lo acompañó hasta dónde estaba la chica, sentada en una silla, junto con Leo, ambos se reían a carcajadas y parecieron no enterarse de que Carlos y ella se habían acercado.
-Carol.- Dijo Carlos y entonces, la chica levantó la mirada y lo miró.- Ella es Cristina.- Dijo él, apretándole la mano a Cristina, esta no tuvo más remedio que sonreír y responder a los besos.
-¿Fuiste tú la que huyó de la boda?- Preguntó la chica, con un tono ácido en sus palabras.
-¡Carol!- Dijo Carlos en un tono alto de voz, apretando más la mano de Cristina.
-Vale, vale. Lo siento.- Dijo la chica, alzando las manos en señal de disculpa. Leo los miraba callados, sin decir nada, pero muriéndose de ganas de preguntar qué boda y por qué huiría.
Entró un hombre trajeado a la sala y empezaron a entrar camareros portando unas bandejas con copas de cava. Cristina cogió una de aquellas copas, dudando si pasaría algo al mezclarlo con las pastillas que se había tomado. Carlos siguió su mano con los ojos y, rápidamente, interceptó una copa antes de que ella pudiera cogerla y se la dio con una preciosa sonrisa.
-Gracias.- Murmuró Cristina y después se alejó de ellos.
A la hora de sentarse, Yolanda había ayudado a la colocación de los sitios, ya que todos y cada uno tenían el nombre de su ocupante. A Cristina le tocó sentarse entre Javier y Leo, en una de las mesas que estaban más cercanas a las de Blas, María, Yolanda y David. La charla entre Cristina y aquellos dos chicos estuvo divertida, no pensó en ningún momento ni en las pastillas ni en la cantidad ingente de alcohol que estaba bebiendo. La comida estaba perfecta, y después de que los camareros retiraran los platos y las copas, la música empezó a sonar y la sala se convirtió en una pista de baile, en la que anunciaron que más tarde Blas cantaría algunos de sus temas.
Muchos de los invitados a aquella cena se levantaron, de la mano de sus respectivas parejas y empezaron a bailar. Cristina no pudo apartar la vista de la sonrisa de Yolanda, a la que David había puesto sus manos rodeando su cintura y la acompañaba hasta el centro de la pista.
-¿Quiere otra copa?- Un camarero moreno la sacó de su ensoñación. Se había quedado ahí, quieta, estática en su silla, viendo cómo los cuerpos de aquellas personas, en el centro de la sala, se movían al ritmo de la música.
-Claro, gracias.- Dijo Cristina con una gran sonrisa y aceptó la copa que le servía el camarero. Él se alejó y se perdió entra la gente que también seguía sentada, algunos de ellos se levantaban, con grandes sonrisas, arrastrando a sus parejas para bailar.
Se sentía cómo las personas que van a las bodas sin pareja, solteras. Se sentía mal. Buscó instintivamente a Carlos. NO estaba, no lo encontró en las sillas que había ocupado durante la cena, pero si estaba su acompañante, Carol. Estaba ella, hablando con uno de los chicos que habían acompañado a Cristina durante la cena, era Javier, y ambos reían a carcajadas.
-¿Buscas a alguien?- La voz de Carlos, en un susurro la volvió a transportar hasta aquel momento. Cristina se llevó una mano al pecho, su corazón se iba a salir de ahí. Carlos se le acercó y la besó lentamente en la mejilla. Pudo oler su aliento, olía a cava. Se sentó en la silla que ella tenía al lado, encarándola hacia ella.
Cristina no sabía que decirle. Sí, te buscaba a ti. No iba a decirle eso, aunque se moría de ganas. Carlos la miraba a los ojos, con una sonrisa socarrona en sus labios.
-¿Has bebido mucho?- Preguntó. Cristina negó con la cabeza, pero ambos sabían que eso no era verdad.
Ninguno de los dos sabía cuánto tiempo habían estado mirándose a los ojos, en silencio, sin decir ni una palabra, sin mover ni un músculo. Pero encima del escenario apareció Blas, con micrófono en mano y empezó a cantar una de sus nuevas baladas. Carlos cogió a Cristina de la mano, la hizo levantarse y dejar su copa encima de la mesa, la arrastró hasta la pista de bailar y, colocando sus manos con cuidado sobre su cintura empezaron a bailar. Cristina apoyó la mejilla en el hombro de Carlos y empezó a llorar silenciosamente.
Cristina Noyes © 2012
jueves, 23 de agosto de 2012
Capítulo 12.
Estaba sola. Volvía a estarlo después de muchos años. Rocío le dijo que no iba a abandonarla, nunca, que siempre estaría con ella para protegerla, para que no le pasara nada. Pero hicieron un trato; si volvían a Madrid, Rocío solo se quedaría tres meses, si Cristina quería quedarse más tiempo, se quedaría sola.
Rocío tenía su vida en Barcelona. Tenía su casa con su novio, tenía su familia, su trabajo, sus amigos, Cristina no podía retenerla para siempre en Madrid. Se podría decir que estaba sola ante el peligro. Había avisado a Yolanda de sus problemas y la tenía al corriente de las pastillas que tomaba, por si le pasaba algo, que tuviera alguien a su lado.
El hotel se levantaba ante ella, imponente, precioso. Sus luces estaban encendidas y contrastaban con el negro de la noche. Se veían coches delante, coches caros que llegaban hasta la entrada. Ahí los aparcacoches los ayudaban a salir, abriéndoles las puertas y después, se llevaban el coche hasta el parking. Todo muy lujoso, pensó Cristina. Ella había ido en taxi, le había pedido que la dejara en la acera de enfrente. No estaba muy segura de si debía entrar o no.
Miró su reflejo en un coche negro que estaba aparcado ahí e hizo un último repaso a su vestimenta. Se había comprado un vestido azul oscuro, largo hasta los pies, tapando unos zapatos de tacones, azules también. El vestido tenía un precioso escote en palabra de honor, decorado debajo del pecho con una cinta que se ataba en la espalda, dejando caer un lazo. El pelo lo llevaba recogido, simple. Cerró los ojos y asintió con la cabeza. Metió la mano en el bolso de mano que llevaba y se tomó una de sus pastillas, con los años, había aprendido a tomárselas sin necesidad de agua.
En la entrada del hotel la recibió un amable chico que la llevó hasta la sala dónde tenía lugar el evento, ahí, una cara conocida la vio, sonrió con la sonrisa más bonitas y la abrazó, casi de improvisto, por el cuello, dejándola momentáneamente sin respiración. Era María, que empezaba a hablar, muy rápido, pegada a su cuello.
-Te he echado de menos. Muchísimo.- Consiguió entender Cristina. Sentía que iba a llorar, pero intentó calmarse.
-María vas a hacerme llorar y todas las horas que he pasado maquillándome no van a servir para nada - Intentó calmar el ambiente.
Cristina no había ni cruzado el umbral de la sala de eventos y no pudo mirar hacia dentro. María la tenía ahí fuera, cogida de las manos, explicándole que la había echado de menos, que debería haberla llamado, que nunca había podido olvidarse de ella. Y que estaba preciosa.
-¿Has venido sola?- Preguntó María confundida.
-¿Con quién querías que viniera?
Mierda, pensó María. ¿Y Carlos con quién vendría? Ella había hablado con Yolanda, se habían asegurado de que los dos irían, pero el plan les había salido mal. Querían que ellos dos fueran juntos, no como pareja, si no como acompañantes, el uno del otro. Si se habían besado se podrían haber llamado para ir juntos al evento de Blas.
María estaba perfecta, llevaba un vestido largo, color plata, con unas incrustaciones en cristales Swarovski en la parte del pecho, y en la cinta que le recorría la cintura y le bajaba por la falda. Cristina pensó que estaba guapísima y que ella sobraba en aquél lugar.
-Ven, vamos a ver a Blas, te está esperando.
Y ahí estaba Blas, hablando con dos chicos que parecían de su edad. Llevaba un perfecto traje negro, y al girarse, Cristina pudo ver que la corbata hacía conjunto con el vestido de María. Ambos se miraron sonrientes y después Blas abrazó a Cristina.
-No vuelvas a marcharte nunca más.- Le dijo él en un susurro. Cristina sintió miedo. Cuando la soltó, Blas la miró a los ojos. Los tenía llorosos. ¿Se habría emocionado? Rápidamente, él le presentó a dos chicos con los que estaba, uno se llamaba Javier y el otro Leo.- Es… -Blas no sabía cómo presentarla.- Es una vieja amiga.
Cristina los saludó con la mejor de sus sonrisas, pero su cabeza no se encontraba ahí, estaba buscando a alguien por toda la sala. Giró la cabeza porque le había parecido escuchar su nombre, pero era uno de los amigos de Blas quién la llamaba. Tenía el pelo rizado y unos profundos ojos marrones, era Leo.
-Me han dicho que vivías en Barcelona - Dijo él; no era una pregunta, pero estaba claro que esperaba respuesta.
-Sí, eh… he venido a Madrid a verlos a todos.- dijo Cristina sonriendo. – Y cambiar un poco de aires…- Cristina lo miró a los ojos y pudo ver que él esperaba más, esperaba que le dijera algo más. Cuando ella fue a abrir la boca para preguntarle algo a él, unos brazos la agarraron por la cintura.
-¡¡Has venido, has venido!!- Dijo Yolanda. No estaba chillando, pero casi. Cristina se giró y la abrazó. Al fin una cara conocida de la que no desconfiar de cada palabra.
Yolanda iba preciosa, se había puesto un vestido rojo, de corte imperio, rojo y con gran escote. Estaba espectacular, el peso de la falda era genial y no se le veían los pies, parecía una princesa. David apareció por detrás de Yolanda y abrazó a Cristina, murmuró algo parecido a lo que Blas le había dicho anteriormente y le besó en una de las mejillas. Los tres se quedaron hablando, junto con Blas, del nuevo disco y de la gran cena y posterior fiesta que se estaba preparando.
-¿Y los niños?- Preguntó Cristina cuando el silencio se hizo incómodo.
-Los hemos dejado con la niñera - Dijo Yolanda, como si fuera lo más normal del mundo. Cristina se había dado cuenta de que David y Yolanda tenían bastante dinero. Ella seguramente hubiera dejado a sus hijos con su madre.
-Oye, ¿Es ese Carlos?- Dijo Blas, captando toda la atención de Cristina.
Por la puerta de la entrada a la sala, entró Carlos, rubio, como siempre, perfecto, guapísimo, con un traje negro, con una camisa blanca con el último botón desabrochado. Sin corbata ni pajarita. Estaba guapísimo, pero sólo había una cosa que fallaba; la chica que tenía cogida a su brazo.
Cristina Noyes © 2012
Y ahí estaba Blas, hablando con dos chicos que parecían de su edad. Llevaba un perfecto traje negro, y al girarse, Cristina pudo ver que la corbata hacía conjunto con el vestido de María. Ambos se miraron sonrientes y después Blas abrazó a Cristina.
-No vuelvas a marcharte nunca más.- Le dijo él en un susurro. Cristina sintió miedo. Cuando la soltó, Blas la miró a los ojos. Los tenía llorosos. ¿Se habría emocionado? Rápidamente, él le presentó a dos chicos con los que estaba, uno se llamaba Javier y el otro Leo.- Es… -Blas no sabía cómo presentarla.- Es una vieja amiga.
Cristina los saludó con la mejor de sus sonrisas, pero su cabeza no se encontraba ahí, estaba buscando a alguien por toda la sala. Giró la cabeza porque le había parecido escuchar su nombre, pero era uno de los amigos de Blas quién la llamaba. Tenía el pelo rizado y unos profundos ojos marrones, era Leo.
-Me han dicho que vivías en Barcelona - Dijo él; no era una pregunta, pero estaba claro que esperaba respuesta.
-Sí, eh… he venido a Madrid a verlos a todos.- dijo Cristina sonriendo. – Y cambiar un poco de aires…- Cristina lo miró a los ojos y pudo ver que él esperaba más, esperaba que le dijera algo más. Cuando ella fue a abrir la boca para preguntarle algo a él, unos brazos la agarraron por la cintura.
-¡¡Has venido, has venido!!- Dijo Yolanda. No estaba chillando, pero casi. Cristina se giró y la abrazó. Al fin una cara conocida de la que no desconfiar de cada palabra.
Yolanda iba preciosa, se había puesto un vestido rojo, de corte imperio, rojo y con gran escote. Estaba espectacular, el peso de la falda era genial y no se le veían los pies, parecía una princesa. David apareció por detrás de Yolanda y abrazó a Cristina, murmuró algo parecido a lo que Blas le había dicho anteriormente y le besó en una de las mejillas. Los tres se quedaron hablando, junto con Blas, del nuevo disco y de la gran cena y posterior fiesta que se estaba preparando.
-¿Y los niños?- Preguntó Cristina cuando el silencio se hizo incómodo.
-Los hemos dejado con la niñera - Dijo Yolanda, como si fuera lo más normal del mundo. Cristina se había dado cuenta de que David y Yolanda tenían bastante dinero. Ella seguramente hubiera dejado a sus hijos con su madre.
-Oye, ¿Es ese Carlos?- Dijo Blas, captando toda la atención de Cristina.
Por la puerta de la entrada a la sala, entró Carlos, rubio, como siempre, perfecto, guapísimo, con un traje negro, con una camisa blanca con el último botón desabrochado. Sin corbata ni pajarita. Estaba guapísimo, pero sólo había una cosa que fallaba; la chica que tenía cogida a su brazo.
Cristina Noyes © 2012
Capítulo 11.
Rocío estaba en casa, bajó un momento a comprobar el correo, ya que sabía que Cristina no lo haría y, para su sorpresa, encontró un sobre en el buzón con el nombre de su compañera de piso. Dejó el sobre encima de la mesita de café que había entre el sofá y la tele y se sentó a pensar de qué podía ser esa carta.
Tal vez fuera una citación judicial, pensó. Tal vez Álvaro le reclamara algo. Le dio la vuelta al sobre, no había remitente; lo volvió a dejar encima de la mesa. Tal vez fuera de Carlos; cómo ahora Cristina había vuelto, tal vez él quería que le pagase los gastos de la boda. Carlos no era de esos, o al menos eso era lo que creía ella. Por lo que sabía, el segundo encuentro entre Carlos y Cristina había acabado bastante bien, con un beso camino a casa.
Cristina había salido a comprar algo de fruta. Se le habían antojado cerezas y al final había acabado comprando media sandía y dos kilos de cerezas. Le había pedido a Rocío que por favor la dejara ir sola, que no le pasaría nada. No había vuelto a desmayarse desde aquel primer encuentro con Carlos, y de eso ya había pasado un mes. Habían acudido a un médico que le había recetado unas pastillas para antes de irse a dormir y unos ejercicios respiratorios para estar más relajada.
Cuando llegó a casa y abrió la puerta, Rocío cogió el sobre de encima de la mesa y salió corriendo hasta dónde estaba Cristina con la sandía y las cerezas.
-¡Ha llegado una carta para ti! – Gritó alegremente, moviendo la carta en el aire.
-¿De quién es?- Cristina entró en la cocina y dejó en el mármol la sandía y las cerezas.
-No hay remitente - Dijo.- Tan solo tu nombre escrito a máquina. Me da miedo.- Concluyó. Cristina le arrebató la carta de las manos, cogió un par de cerezas y se dejó caer sobre el sofá, colocando las piernas encima de la mesa de café y rajó el sobre.
Cristina sacó una especie de felicitación Navideña, pero con una imagen de la silueta de un hombre, de espaldas, mirando una puesta de sol en la playa, con las letras Tal vez. Rocío miró a su amiga, impaciente por saber qué ponía dentro. Cristina abrió la postal lentamente y se sorprendió por lo que había dentro.
“Blas Cantó presenta la reedición de su disco, Tal vez, en el hotel Ritz de Madrid en una fiesta íntima para sus más allegados.”
-¿Blas me ha invitado a su fiesta?- Preguntó Cristina atónita. Ambas siguieron leyendo la invitación. En él se explicaba la hora, el día y el lugar exacto dónde tendría lugar el evento, así como la vestimenta que había que llevar, ya que empezaría por la tarde y se alargaría hasta la noche.
-Pongo la mano en el fuego de que ha sido Yolanda.-Dijo Rocío.
-Pues se lo agradezco. Por qué tengo ganas de volver a ver a Blas y María.
-¿Y Carlos?- Preguntó Rocío.
Desde que se vieron, Rocío no había vuelto a saber nada de sí Cristina había hablado con él otra vez o a quedar. Y había sido así, Cristina no lo había visto más, ya que él no le devolvió las primeras llamadas y ella desistió. A Cristina se le abrieron los ojos como platos al pensar que lo más seguro era que Carlos también estuviera invitado. Le aterraba la idea de que él no quisiera ir por si iba ella.
-Pues estará ahí.- Dijo al final.- Da igual, iré. Pone con acompañante. ¿Vendrás conmigo?
Rocío se miró una vez más le fecha, temiendo lo que iba a decir. No quería dejarla ir sola.
-Para esas fechas yo ya estoy en Barcelona. Pero puedo ayudarte a buscar el vestido perfecto.
Cristina miró le fecha también, y al escuchar la palabra Barcelona, sus pensamientos volaron hasta ahí.
Era la noche del estreno de la obra de teatro de Álvaro, llevaban ensayando más de cinco meses y, por fin, había llegado el día del estreno. En el letrero del teatro Goya se podía leer, con letras bien grandes la palabra París. Así se llamaba la obra de teatro protagonizada por Álvaro y la recién llegada Aurélie.
Cristina se había negado a saber de qué iba la obra, no quería saberlo, quería sorprenderse por cada frase, por cada acción. Estuvo más de tres semanas buscando el Vestido Perfecto, así era cómo lo había llamado Rocío, que la ayudó a buscarlo y comprarlo. Tenía que ser un vestido especial para una noche especial; ella era la novia del autor y protagonista, además, estaban esperando su primer hijo. Esa noche iba a ser especial.
La gente empezó a saludarla nada más pasó por la puerta del teatro, acompañada de Rocío, que se había puesto un vestido azul precioso.
-Estás espectacular.- Dijo una mujer mayor con un fuerte acento catalán.- Ya nos lo ha dicho Álvaro.- murmuró la señora, acariciándole el vientre.- Enhorabuena.
Cristina le respondió con una sonrisa y anduvo hasta su asiento, de la mano de Rocío, en la zona preferente. Esa mujer la había puesto nerviosa. Cristina estaba solamente de tres meses y todavía no se lo había dicho a sus padres. Álvaro había prometido que lo guardarían en secreto hasta después del estreno, pero estaba claro que no lo había hecho.
El anuncio de su embarazo le había caído cómo una jarra de agua fría. Lo habían estado buscando, sí, pero después de encontrarse con Aurélie varias veces en su casa, empezaba a sospechar que Álvaro la engañaba y quiso echarse atrás. Álvaro la convenció para que siguiera adelante, que no tenía nada con la joven Aurélie, que la quería solamente a ella y que, era lo que estaban buscando. Un precioso bebé al que darle su amor.
Las luces del teatro se apagaron y la obra empezó justo cuando Cristina notó un gran dolor en la parte baja de su vientre.
Cristina Noyes © 2012
domingo, 5 de agosto de 2012
Capítulo 10.
-¿Crees que debo invitar a Cristina?
David se encogió de hombros y miró a su mujer.
-Es tu amiga, tú sabrás.
-¿No es tu amiga ya, no?- Preguntó ella.
-Es difícil.
-Lo sé - Yolanda suspiró sonoramente. –Tiene que arreglar las cosas, ha venido para eso.
-Y tú la has ayudado -Dijo David con rintintín.
-¿Me lo vas a estar recordando toda la vida? ¡Es mi amiga!- Dijo ella, alzando el tono de voz.
-¿Y por qué sea tu amiga, te parece bien lo que hizo?
-No me parece bien. No me parece nada bien, pero si ahora viene y quiere arreglarlo, no voy a ser yo quién le cierre las puertas. Es mi amiga, no pienso dejarla.
-¿Aunque ella te haya dejado cuatro años?
-También ha querido solucionarlo conmigo. Y lo hemos solucionado, hemos estado hablando. Mucho, y he querido solucionarlo. Ha sido y siempre será mi amiga, he tenido que perdonarla, mi corazón la echaba de menos. No podía vivir más sin ella, se ha perdido demasiados momentos importantes en mi vida, no quiero que se pierda más. Y si viene pidiendo una segunda oportunidad, yo se la daré – Yolanda se levantó de la mesa y se marchó a la cocina. Necesitaba un vaso de agua, se había puesto bastante nerviosa.
David acabó el documento que estaba escribiendo en el ordenador y le dio al botón de guardar. Se levantó y se fue a la cocina. Abrazó a Yolanda por la espalda y le dio un beso en el cuello.
-Perdóname.- Musitó.- Será algo que no voy a poder olvidar en la vida. Carlos quedó destrozado.
-Pero ella quiere arreglarlo. Pedir perdón, se ha arrepentido cada día durante estos cuatro años.
-¿Y por qué no ha vuelto?
-Por miedo a esto. Miedo al rechazo. No sé qué pasará cuando se vean ella y Carlos, otra vez digo, pero ella no quiere el rechazo, o se volverá a marchar.
-Siempre huye - Murmuró David.
-Ese es su problema. No se enfrenta a sus problemas, y ha llegado la hora de que lo haga. Tiene que enfrontarse a lo que siente.
-Entonces invítala - Le dijo David.- Seguramente le haga ilusión volver a encontrarse con todos; con Blas, con María…
-Pero va a ir Carlos - Dijo Yolanda.
David se había convertido en una especia de mánager para Blas, que estaba preparando su segundo álbum. Después de que el grupo se separara, Blas había emprendido su carrera en solitario y le estaba yendo fenomenal. Su voz era espectacular, y todas las fans de Auryn le habían seguido y ayudado a conseguir la fama que ahora tenía. La fiesta era para la presentación de la reedición de su segundo disco, con un par de canciones más y una colaboración. La fiesta se haría en el hotel Ritz, en una sala para eventos y constaría de una cena y después, un baile. Era una presentación un tanto inusual para el disco de Blas, pero esta era la oficial, en esa fiesta se decidirían muchos conciertos para su próxima gira y se acabarían de cerrar grandes acuerdos. Irían los amigos más cercanos, así como representantes de algunas cadenas de televisión y radio. La fiesta de presentación con los fans tendría lugar una semana después en un conocido centro comercial.
Yolanda y David estaban ultimando los últimos detalles, tanto la lista de invitados como la cena que se iba a servir. Cristina y acompañante fueron los últimos nombres añadidos a la lista.
-No creo que pase nada con Carlos - Murmuró Yolanda, aún abrazada a David. Ella sabía lo que había pasado entre Carlos y su amiga. No sabía si David estaba al caso.
-¿Por?- David preguntó.
-Por qué… -Yolanda negó con la cabeza.- Por nada, cosas.
-Tú sabes algo - David la miró a la cara, sonriendo.- Tú sabes algo.- Volvió a repetir cuando ella negó con la cabeza, riendo.- Dímelo o te hago cosquillas.- David colocó sus manos en la cintura de Yolanda, preparado para hacerle cosquillas si ella se resistía mucho.
-Vale, vale, te lo contaré.- Dijo ella separándose de él.
David empezó a andar hacia el comedor, con una taza de café, mientras que Yolanda subió al piso de arriba a controlar que los niños seguían durmiendo. Bajó las escaleras de dos en dos, y cuando llegó al comedor se dejó caer en el sofá, con las piernas encima de su marido.
-Suerte que he dejado la taza de café sobre la mesa.- Rió él.- Si no, ya estaría empapado.- No esperó a que Yolanda dijera algo, y disparó.- Cuéntame lo de Cristina y Carlos.
-Pues…- Yolanda no sabía por dónde empezar.- ¿Tú sabías que Cristina fue a buscar a Carlos al trabajo?- David negó con la cabeza.- Pues lo hizo. ¡Está loca! Yo le dije que no lo hiciera…
-¿Tú le dijiste dónde trabajaba Carlos?
-Yo se lo dije. No esperaba que fuera a buscarlo…- Confesó Yolanda.
-¿Y qué pasó?- Quiso saber David.
-Pues Carlos la invitó a ir a su casa.- David abrió los ojos, atónito.- Le sirvió una copa y estuvieron hablando… De por qué había vuelto, qué pasó en Barcelona… Y al llevarla a casa…- Yolanda no sabía cómo decirlo y empezó a reírse.
-¿Qué, qué? ¡Pareces una novela!
-¡Al volver a casa se besaron!- Gritó Yolanda y después se tapó la boca por si el grito había despertado a sus hijos. David la miró, atónito, sin creérselo.
Cristina Noyes © 2012
Capítulo 9.
La abrazó por la espalda, besándola levemente sobre su hombro desnudo. Carlos sabía que eso no estaba bien, que no debía haberlo hecho. No debía de haberla llamado, pero era la única amiga que tenía. Acarició su hombro. Su piel era tan suave… Le gustaba, le gustaba mucho, pero no para tener una relación, no con ella. Eran amigos, nada más. Amigos con derecho a roce, pero amigos al fin. Carlos suspiró y ella se dio media vuelta, mirándolo a los ojos.
-Sigues preocupado, ¿Verdad?
-Para no estarlo - Murmuró él.
-Y te arrepientes de esto, ¿verdad? – Ella se levantó de la cama. No iba a taparse, Carlos la había visto muchas veces desnuda, ya no le importaba. Anduvo hasta la silla dónde había dejado la ropa y empezó a vestirse mientras Carlos, a su espalda, intentaba justificarse.
-No, no me arrepiento, o sí. No sé cómo va a repercutir esto en…
-¿En ella, en vuestra relación? Sinceramente, no creo que se lo digas, Carlos - Carol se puso la camiseta y acabó de atar el botón de su pantalón, se giró, mirando a Carlos y se sentó en la cama, acarició su rodilla y lo miró a los ojos.- Piénsalo por un momento, ¿Qué sientes por ella, qué quieres?
-¿Qué quiero?- Preguntó Carlos, sin entender muy bien la pregunta.
-Qué esperas llegar a volver a tener con ella – Carol se pensó aquella frase, pero creyó que era bastante entendible.
-No espero volver a tener nada con ella - Dijo Carlos, pero no estaba muy seguro de sus palabras.
-Mientes - Sonrió ella.- Lo veo en tus ojos. Quieres volver a estar con ella. ¿Me equivoco?
-No sé si realmente quiero. Creo que esto debo pensármelo.
-Hazlo a solas. No me llames, que ya ves cómo acabamos - Dijo ella riendo, para quitarle hierro al asunto. Acababan de acostarse y eso que ella sólo había ido a hablar, a dar consejo.- Tienes que pensarte muy bien qué quieres con esa chica. Recuerda que salió corriendo el día de tu boda, se marchó con uno de tus mejores amigos.
-Yo la había engañado -Dijo Carlos.
-Ella también. Fue ella la que jodió la boda, no tú. Fue ella la que se rajó, la que lo tiró todo por los aires, la que se marchó y puso kilómetros por medio. ¿Por qué ha vuelto ahora, cuatro años después? ¿Sigue con Álvaro? ¿Qué busca ella?
Carlos tardó unos segundos en asimilar esas preguntas y responderlas mentalmente. Después Miró a Carol y contestó.
-Sí, ella fue la que lo dejó todo, pero fue por mi culpa.
-No puedes culparte… - susurró ella, mientras Carlos seguía su explicación.
-No sé por qué ha vuelto, quiere pedirme perdón - Carlos pensó que no debía haber dicho esto último, pero siguió.- No sigue con Álvaro, él la dejó por una de sus alumnas.
-¡Ves!- Gritó Carol.- Como él la ha dejado, ahora vuelve buscándote a ti. ¿No lo ves?- Carol chasqueó los dedos y Carlos se dejó caer sobre la cama.- Busca una segunda oportunidad, por que la han rechazado - Carlos no quería ni escucharla, cerró los ojos y volvió a recordar el beso de Cris.- Es una interesada, ha vuelto porque estaba sola. ¿Qué pasaría si tu tuvieras pareja, volvería a marcharse?
-¿Qué dices?- Carlos se incorporó de golpe.
-¿Y si ha vuelto para estar contigo, porque estaba sola, porque la han dejado…?
-¿Y si ha vuelto porque se ha dado cuenta de que me quiere?
-Hola, ¿Vives en Nunca Jamás? ¡Te dejó el día de vuestra boda, se largó con tu mejor amigo! ¡Han pasado cuatro años! Por el amor de Dios, Carlos…- Susurró Carol y Carlos no pudo más que reírse.- No, no te rías.- Dijo ella, haciéndose la enfadada.
-No te enfades…- Murmuró Carlos con la boca pequeña y la besó en el hombro. Al ver que ella seguía igual, empezó a hacerle cosquillas.
Carol cayó encima de la cama, riendo a carcajadas, mientras él le hacía cosquillas por la cintura. Conocía sus puntos débiles. Carlos se subió encima de ella y siguió con las cosquillas por la cintura, mientras ambos no podían parar de reír.
-¡Carlos Pérez Marco, aún eres un crío!- Gritó ella, como pudo, entre risas. Carlos paró y se dejó caer a su lado, con la respiración agitada.- ¿Vas a darle otra oportunidad?- Preguntó la chica, jadeante aún.
-Si la quiere, va a tener que ganársela. ¿Crees de verdad que quiere volver conmigo?
-Ha vuelto a Madrid, te fue a buscar al trabajo, las llamadas… Y el beso.
-El del beso fui yo.
-¿Qué?- Carol se incorporó y miró a Carlos con una expresión dura en la cara.- ¡Me dijiste que fue ella!
-Ella se acercó para besarme, dos besos, besos de despedida, pero no pude evitarlo, mucho tiempo sin ella. Demasiados sentimientos.
-Todavía la quieres - Murmuró Carol con una expresión triste en su cara.- Te entiendo.
-¿Sabes?... – No acabó la frase, la desechó, encontró otra mejor.- ¿Nunca has querido tanto a alguien como para dejarlo ir, solamente para que sea feliz?
Cristina Noyes © 2012
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