Carlos y Cristina seguían ahí, abrazados, bailando lentamente, al ritmo de la música. Cristina ya no lloraba, se había calmado y concentrado en las palabras de la canción, aunque no podía negar que estuviera muy bien entre los brazos de Carlos. Volver a sentir sus manos aferrándose a sus caderas estaba genial, y volver a oler su colonia… No la había cambiado, seguía siendo la misma, no como ella, que cada poco tiempo cambiaba de colonia porque había salido una nueva y le gustaba más ese olor que el anterior.
Carlos adoraba volver a sentirla entre sus brazos. Pero no podía decirlo, se había prometido que no lo diría, no le diría lo mucho que la había extrañado, lo mucho que la había necesitado. Inspiró una vez más el aire, en el mismo momento que Blas cambiaba de canción.
Cristina se separó de él, y Carlos negó con la cabeza. Blas empezó a cantar otra canción, conocida por todos los que estaban en la sala y Cristina sonrió al recordarla. Carlos volvió a estrecharla entre sus brazos y se movieron lentamente, al ritmo de la canción.
“Una historia que no existe todavía, unas cartas recordando nuevos días…”
Yolanda, al otro lado de la pista de baile, no podía apartar su mirada de Cristina y Carlos, ni ella ni ninguno de los presentes en aquel baile. David la había avisado de que se habían puesto a bailar, pero ella no se lo había creído, hasta que lo había visto con sus propios ojos. Se emocionó por ver a sus amigos otra vez juntos, aunque no sabía si sería para mucho. La vista de David también acabó en ellos. Los miró durante unos segundos y le vinieron a la cabeza tiempos pasados.
Aquellos tiempos en los que estaban los cinco chicos de Auryn de juntos, cuando empezaron, cuando formaron el grupo. Cuando salían todos juntos. Se acordó de cómo conocí a Yoli, la primera vez que la vio en uno de sus primeros conciertos. Se acordaba de cómo había conocido a Cristina, y sobre todo de que Carlos les había hablado, fascinado, de una chica que había conocido, a la que le dolía mucho la cabeza por haber salido de fiesta el día anterior de ir al concierto. Les contó que le había parecido la chica más guapa.
Carlos entró corriendo a la parte de los camerinos. Estaban acabando de darle los últimos retoques con laca al pelo de Álvaro, este le miró sonriendo.
-Ha tenido que ir a buscarte Magí. ¿Qué hacías, no encontrabas la puerta?- Preguntó socarrón, dirigiéndole una sonrisa pícara de las suyas.
-No, me he encontrado con alguien –Dijo Carlos sonriente, con los ojos brillantes y se dejó caer encima de un sofá, al lado de David y de Dani, que estaba con su teléfono móvil.
-Uy. Ya lo estás soltando - Dijo David, sentándose bien en el sofá y mirando a Carlos a los ojos. En un segundo llamó la atención de todos, que miraron a Carlos esperando una respuesta.- ¿Una de las antiguas?- Con eso se refería a si era alguna de las fans que habían estado desde el principio.
-No.- Negó Carlos con la cabeza.- No la he visto nunca, eh.- Dijo rascándose la parte trasera de su cabeza.
-Yo te he visto hablar con ella - Entró Magí en la sala, dejó su teléfono móvil encima de una mesa y miró el pelo de Álvaro. La peluquera lo estaba haciendo bien.
-¿Y a ti te sonaba, Magí?- Preguntó Blas, intrigado por saber más sobre aquella chica.
-No me suena de haberla visto nunca.- Dijo Magí.- ¿De qué habéis hablado?
-De que le dolía la cabeza y que nuestras fans no ayudaban a que se le pasara el dolor. Le he preguntado si se ha tomado algo y me ha dicho que sí, pero que seguía encontrándose mal.
-A ti…. - Dijo Álvaro sonriente, dándose la vuelta en aquella silla giratoria.- a ti te ha molado la chica esta, ¡eh!- Carlos rió socarrón por el comentario de su amigo, pero aquella chica le había calado y haría todo lo posible por volver a verla. Ambos lo harían.
-Creo que deberías marcharte ya a casa.
Blas seguía cantando. Su preciosa voz seguía llenando el lugar, pero Cristina y Carlos hacía rato que se habían sentado ya. Cristina se había mareado mientras bailaba, y había agarrado dos copas más de cava y se las había bebido rápidamente. No paraba de reír y de hablar por los codos. Hablaba con todo el mundo y de cualquier cosa. Carlos la arrastró hasta el final de la sala, la sentó en una silla y le arrebató la última copa de cava que había cogido.
-Creo que has bebido demasiado.- Le dijo él en un tono paternal. Cristina negó con la cabeza y se apoyó en el hombro izquierdo del chico. –Venga, que te llevo a casa.
Cristina Noyes © 2012

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