miércoles, 29 de agosto de 2012

Capítulo 13.


Llevaba un precioso vestido negro, largo, y semitransparente a partir de media pierna. El escote era bastante pronunciado, y los dos pechos se aguantaban casi por ley divina. Debían de ser operados, pensó Cristina. Llevaba el pelo, castaño oscuro, recogido en un moño bajo y al lado, y llevaba en la cara una sonrisa triunfal mientras entraba, a cámara lenta, en la sala. Ella sonrió por algo que le había dicho Carlos, y se acercó a su oído y le contestó, ambos rieron y bajaron los dos escalones que les quedaban.

Cristina no dijo nada, simplemente se quedó ahí delante, mientras aquella chica entraba en la sala, del brazo de Carlos. Sintió la mano de Yolanda que le recorría la espalda, después pasó por su lado y la miró preocupada.

-Yo tampoco sé quién es - Murmuró Yolanda y rápidamente cambió de cara, sacó su mejor sonrisa y fue a saludar a Carlos.

Los demás hicieron lo mismo, dejaron atrás a Cristina y fueron a saludar a Carlos y a la chica misteriosa. Cristina podía oír su risa aterciopelada por encima del ruido de la sala. Bajó la vista hasta su bolso y volvió a tomarse una de sus pastillas, iba a ser una noche difícil.


Después de varios minutos sola en el centro de la sala, Cristina empezó a caminar buscando un lugar dónde sentarse, pero una mano en su hombro la paró. La mano de Carlos se paró en su hombro, y le dio un leve toque, después se apoyó en el hombro y descendió, lentamente, acariciando cada parte de su brazo, bajando hasta el codo, ahí la cogió y le dio la vuelta, lentamente. Estaban a menos de un palmo de distancia y Cristina le miraba directamente a los ojos, podía sentir la respiración del chico sobre su barbilla. Carlos balbuceó y después murmuró, casi en un susurro.

-Quiero presentártela. –Carlos bajó su mano hasta la mano de Cristina, ahí la abrió y entrelazo los dedos.

Cristina lo acompañó hasta dónde estaba la chica, sentada en una silla, junto con Leo, ambos se reían a carcajadas y parecieron no enterarse de que Carlos y ella se habían acercado.

-Carol.- Dijo Carlos y entonces, la chica levantó la mirada y lo miró.- Ella es Cristina.- Dijo él, apretándole la mano a Cristina, esta no tuvo más remedio que sonreír y responder a los besos.

-¿Fuiste tú la que huyó de la boda?- Preguntó la chica, con un tono ácido en sus palabras.

-¡Carol!- Dijo Carlos en un tono alto de voz, apretando más la mano de Cristina.

-Vale, vale. Lo siento.- Dijo la chica, alzando las manos en señal de disculpa. Leo los miraba callados, sin decir nada, pero muriéndose de ganas de preguntar qué boda y por qué huiría.


Entró un hombre trajeado a la sala y empezaron a entrar camareros portando unas bandejas con copas de cava. Cristina cogió una de aquellas copas, dudando si pasaría algo al mezclarlo con las pastillas que se había tomado. Carlos siguió su mano con los ojos y, rápidamente, interceptó una copa antes de que ella pudiera cogerla y se la dio con una preciosa sonrisa.

-Gracias.- Murmuró Cristina y después se alejó de ellos.


A la hora de sentarse, Yolanda había ayudado a la colocación de los sitios, ya que todos y cada uno tenían el nombre de su ocupante. A Cristina le tocó sentarse entre Javier y Leo, en una de las mesas que estaban más cercanas a las de Blas, María, Yolanda y David. La charla entre Cristina y aquellos dos chicos estuvo divertida, no pensó en ningún momento ni en las pastillas ni en la cantidad ingente de alcohol que estaba bebiendo. La comida estaba perfecta, y después de que los camareros retiraran los platos y las copas, la música empezó a sonar y la sala se convirtió en una pista de baile, en la que anunciaron que más tarde Blas cantaría algunos de sus temas.


Muchos de los invitados a aquella cena se levantaron, de la mano de sus respectivas parejas y empezaron a bailar. Cristina no pudo apartar la vista de la sonrisa de Yolanda, a la que David había puesto sus manos rodeando su cintura y la acompañaba hasta el centro de la pista.


-¿Quiere otra copa?- Un camarero moreno la sacó de su ensoñación. Se había quedado ahí, quieta, estática en su silla, viendo cómo los cuerpos de aquellas personas, en el centro de la sala, se movían al ritmo de la música.

-Claro, gracias.- Dijo Cristina con una gran sonrisa y aceptó la copa que le servía el camarero. Él se alejó y se perdió entra la gente que también seguía sentada, algunos de ellos se levantaban, con grandes sonrisas, arrastrando a sus parejas para bailar.


Se sentía cómo las personas que van a las bodas sin pareja, solteras. Se sentía mal. Buscó instintivamente a Carlos. NO estaba, no lo encontró en las sillas que había ocupado durante la cena, pero si estaba su acompañante, Carol. Estaba ella, hablando con uno de los chicos que habían acompañado a Cristina durante la cena, era Javier, y ambos reían a carcajadas.

-¿Buscas a alguien?- La voz de Carlos, en un susurro la volvió a transportar hasta aquel momento. Cristina se llevó una mano al pecho, su corazón se iba a salir de ahí. Carlos se le acercó y la besó lentamente en la mejilla. Pudo oler su aliento, olía a cava. Se sentó en la silla que ella tenía al lado, encarándola hacia ella.

Cristina no sabía que decirle. Sí, te buscaba a ti. No iba a decirle eso, aunque se moría de ganas. Carlos la miraba a los ojos, con una sonrisa socarrona en sus labios.

-¿Has bebido mucho?- Preguntó. Cristina negó con la cabeza, pero ambos sabían que eso no era verdad.


Ninguno de los dos sabía cuánto tiempo habían estado mirándose a los ojos, en silencio, sin decir ni una palabra, sin mover ni un músculo. Pero encima del escenario apareció Blas, con micrófono en mano y empezó a cantar una de sus nuevas baladas. Carlos cogió a Cristina de la mano, la hizo levantarse y dejar su copa encima de la mesa, la arrastró hasta la pista de bailar y, colocando sus manos con cuidado sobre su cintura empezaron a bailar. Cristina apoyó la mejilla en el hombro de Carlos y empezó a llorar silenciosamente.



Cristina Noyes © 2012

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