martes, 6 de noviembre de 2012
Capítulo 19.
-¿Quieres que te lleve a casa? Es tarde, no creo que hayan taxis…- Murmuró Carlos una vez se quedaron en silencio.
-Claro. –Dijo ella en un susurro. -¿Has venido en moto? – Preguntó para que no se quedaran en silencio.
-No, tengo coche, he venido en él. ¿Vamos al salón?
-Sí, mejor - Dijo ella y con una sonrisa salió de aquella habitación dónde su corazón había dejado de latir durante unos minutos. Bajó las escaleras lo más lento posible, esperando sentir la mano de Carlos contra la suya, sus dedos enredándose con los de ella como antes, pero no notó. Carlos bajaba unos dos escalones más arriba que ella, con la incertidumbre de abrazarla por la espalda, cogerla de la mano o dejarlo todo como estaba.
Prefirió dejarlo todo como estaba y ambos se fueron hasta el salón y se sentaron en el sofá. La habitación estaba a escuras, solamente iluminada por una pequeña lámpara de mesa al lado. Se sentaron en uno al lado del otro, y después de estar un rato quietos y callados, se echaron a reír.
-Creo que esto es lo más extraño que me ha pasado en cuatro años.- Admitió Carlos.
-Yo no sé si podría decir lo mismo.- Dijo ella entre risas.- Puedo asegurarte que he tenido más de uno, y realmente extraño.
-¿Te han encerrado con alguien en una casa?- Preguntó él.
-No, bueno. ¡Tampoco estamos encerrados!
-Ya, pero no podemos salir y dejar a los niños aquí.
-Podíamos habernos ido, o quedarse solamente uno. Ya sabes.
-Tú no te has ido.- Le dijo Carlos.- Pensaba que lo harías.
-¿Por qué piensas eso?- Preguntó ella sonriendo.- ¡No siempre voy a huir de todos los lugares, Carlos! –Dijo ella y empezó a reír.
-¿Por qué has vuelto?- Le preguntó él. Entre las risas, había acabado girado, con una pierna encima del sofá y la miraba serio, la miraba mientras ella se reía y al final, decidió a hacer esa pregunta.
-Sé porque me fui, pero no por qué ahora vuelvo a ti - Respondió sin mirar a Carlos.- Creo que por que mi vida se había convertido en un torbellino sin salida. Todo empezó a ir mal, de mal en peor, ya lo dicen. Y… empecé a pensar que me lo tenía merecido, por haber hecho lo que hice y que, tal vez, al arreglar las cosas desde el principio, arreglar en lo que fallé, todo volvería a irme bien. Es como… ¿La película del día de la marmota, que se despierta una y otra vez en el mismo día y tiene que arreglar lo que hace mal? Pues eso. Hasta que no arregle lo que está mal en mi vida, no voy a poder ser feliz. Y lo que peor hice fue dejarte ahí, en la estacada. Me arrepiento demasiado.- Cristina lo miró, estaba seria, no iba a llorar, no esta vez.- No vengo buscando que volvamos, que me vuelvas a besar y que me hagas tuya en este sofá, en la cama de Yolanda o en tu coche. Vengo buscando tu perdón.- Cristina rió.- Parece que haya ido a la iglesia a confesar mis pecados… No, mira, quiero solamente que entre nosotros esté todo bien, qué…
-¿Te parece, con los besos de la otra noche, que hay algo mal entre nosotros?
-Es que es eso lo que veo que está mal.
-¿Está mal que nos besemos?- Preguntó Carlos asombrado.
-¿Por qué lo haces, por qué me besas? ¿Es que todavía sientes algo por mi?- Cristina lo miró duramente, lo miró a los ojos, esperando una respuesta.
-Si te soy sincero, no sé lo que siento por ti. Te he querido, te he odiado, pero ahora que has vuelto… creo que se ha despertado algo en mi, dentro, algo que siento por ti. O simplemente tal vez nunca se haya dormido. Pero… es que, ¡Joder Cris!- Exclamó de golpe y Cristina pegó un bote en el sofá del susto que se dio cuando él alzó la voz.- Es que has querido entrar de nuevo en mi vida, después de cuatro años en los que yo había conseguido olvidarte. ¿Pensabas que no iba a pasar nada entre nosotros, que todos los sentimientos habrían desaparecido? Todo iba bien, te había conseguido olvidar, ya no pensaba en ti, he estado de psicólogos y ahora, cuatro años después, llegas de nuevo a Madrid y mi vida empieza a venirse abajo. No puedes pretender que todo aquello no pasó.
-No quiero que eso desaparezca, ¡está claro que pasó!
-¡Pues no lo parece!- Gritó él y Cristina sintió miedo.- Vuelves aquí buscando mi… ¿Perdón? ¡Ya lo tienes, ya puedes marcharte y volver a dejar mi vida como estaba!
-¡Así no lo quiero, eso no es lo que quiero!
-¿Y qué quieres, que vuelva todo a ser como antes? No puedes pretender que todo vuelva a ser como era. ¿Y si yo he encontrado a alguien, y si he rehecho mi vida?
-¿Lo has hecho?-. Preguntó ella. Bajó el tono, temía despertar a los niños. Al baile él había acudido con una chica, Carol, pero la había llevado a su casa y a la otra chica la había dejado en el baile.
-¡No!- gritó Carlos haciendo que temblaran hasta las paredes. – No he podido rehacer mi vida porque no ha habido un solo día en estos malditos cuatro años en los que no haya podido sacarte de mi cabeza.
-¿Por qué?- Preguntó Cristina cautelosa. Tenía ganas de abrazarlo, acariciarle la cara y besarlo, pero estaba demasiado nerviosa. Ambos lo estaban.
-Por que aunque nos hayamos hecho daño mutuamente, aunque te haya engañado, aunque te hayas ido con Álvaro, aunque hayas vuelto y hayas puesto mi vida otra vez patas arriba, te quiero. Te quise desde el primer día que te conocí, te quise ese día, con dolor de cabeza, te quise el día del retiro, cuando te manché de helado. Te quise la primera vez que hicimos el amor después de nuestra primera cita. Te quise después de la primera pelea, después de que te marcharas a Pamplona porque yo me tenía que marchar a Alicante. Te quise cuando te pedí matrimonio, te quise mientras me acostaba con Verónica y cuando tú lo hiciste con Álvaro. Te quise incluso más el día de nuestra boda, cuando te vi salir corriendo de la iglesia. Y te quise cuando volviste, en aquella cafetería. Oh, te amé como nunca, te vi tan vulnerable que quise besarte ahí mismo. Siempre te he querido y siempre te querré.
Cristina Noyes © 2012
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario