-Tienes
que secarte bien por que si no vas a resfriarte. –decía Cristina mientras
intentaba secar a la pequeña Ainara con una toalla rosa.
-Pero es verano, Cris - Protestó la pequeña.
-Ya, pero igualmente puedes resfriarte con el cambio de temperatura.
-Ah. ¿Tú tienes hijos?
-No, yo no tengo - Dijo Cristina y Carlos la miró a los ojos cuando ella levantó la mirada buscándole. –Pero ganas no me faltan.- Dijo al rato y volvió a mirar a la niña.- Y ahora vamos a cambiarte porque vamos a ir a cenar.
-¿Vamos a ir a algún lado a cenar?
-No, pero os voy a preparar la mejor cena del mundo - Dijo Carlos entonces.
-Pero si tú no sabes cocinar - Dijo Ainara poniendo sus manos en su cintura.
-Sí que sé. Díselo Cris.
-Sí que sabe, sí.
-¿Ha cocinado para ti?
-Ha cocinado para mi muchas veces.
-¿Entonces puedo fiarme de que no meta veneno en mi cena?
-Es más, me vas a ayudar a preparar la cena.
-¿De verdad?
-Sí, vas a ser una pequeña cocinera. Ves tirando para la cocina y dime dónde está la harina…
Ainara salió corriendo dirección a su habitación, se cambió de ropa y se puso una camiseta grande con el logo de Auryn y los cinco chicos saltando.
-Siempre me la pongo –Dijo con una sonrisa al volver al comedor.-Dice mamá que le recuerda a cuando todo estaba bien.- Después salió disparada hacia la cocina, allí esperó pacientemente a Carlos.
-¿Pruebas a llamar a Yoli o a David otra vez?
-No van a cogerlo, seguro que no están ni trabajando.
-Son las ocho, estos no van a venir.
-¿Te quedas con el pequeño?
-Voy a cambiarme, lo llevo conmigo, no te preocupes.
-¿Estarás bien?-Preguntó él, poniéndose a la altura, acercándose a ella.
-¿Lo dudas?- Ella se acercó y le besó en los labios. Fue un beso rápido, fugaz, pero ambos se miraron a los ojos y volvieron a sonreír. Cristina cogió a Nicholas y se marchó hasta la habitación a ponerse de nuevo su ropa.
Mientras se vestía y vigilaba que el niño no saltara de la cama mientras jugaba con uno de sus coches, Cristina pensó en lo que acababa de hacer. ¿Qué hacía? Su plan no era ese. ¿Tenía acaso un plan? Ella tenía claro lo que quería, volver a recuperar la confianza que había perdido al marcharse, al huir. Quería volver a estar como antes, amigos si hacía falta. Pero estaba visto que Yolanda no quería lo mismo. Ni ella misma quería que eso quedara en una simple amistad.
Se estaba volviendo loca. Miró a Nicholas y lo cogió entre sus brazos mientras bajaba las escaleras hasta la planta inferior y hasta la cocina. Cuando entró, se encontró con Carlos y Ainara cerrando el horno y ambos manchados de harina, igual que el mármol de la cocina y el suelo.
-¿Qué habéis hecho?- Preguntó sin dejar al niño en el suelo.
-¡¡Pizza!! - Gritó Ainara y empezó a dar palmas.
-¿Y con la harina?
-Con la harina hemos hecho la masa.
-Y peleado - Apuntilló Carlos.- Venga, vete a poner el pijama y a limpiarte. –Le dijo a la niña y se marchó alegremente, dando pequeños saltitos.
-Supongo que me tocará limpiar esto.
-¿Por qué no se lo dejamos a David y Yolanda… ya que nos han encerrado aquí? –Preguntó en un susurro, sonriendo y Cristina no pudo negarse.
Después de cenar y ver la tele un rato, Cristina y Carlos acabaron acostando a los niños, cada uno en su cama, aunque protestaron ya que querían dormir en la cama de sus padres. Acabaron agotados por la lucha de meterlos a dormir y que se durmieran. Antes tuvieron que leerlos un cuento que iba sobre unos animales que acababan montando un grupo musical.
-¿No hay nada en esta casa que no me recuerde a lo que ya no somos?- dijo Carlos dejándose caer en el sofá, al lado de Cristina.- Al grupo, me refiero.- Dijo cuando se dio cuenta de que aquella pregunta se podía asociar a su antigua relación. – Tienen cuentos infantiles que van sobre grupos, los CDs de Auryn los tienen colgados en el despacho de David. En el de Yolanda hay un piano…
-¿Tiene un piano?- Preguntó Cristina.
-No has estado en esta casa, ¿no?
-¡Qué va!
-¿Quieres que te haga un tour?
-No hombre, un tour no, pero que me enseñes la habitación dónde está el piano pues cómo que sí - Le dijo Cristina sonriendo como una niña pequeña, él se levantó y le tendió la mano. Ella la cogió sonriendo. No sabía a lo que estaba jugando, pero le gustaba.
Caminaron cogidos de la mano, subieron las escaleras juntos mientras Carlos le iba explicando que, durante estos cuatro años, le habían aconsejado que aprendiera a tocar algún instrumento y que, aparte de acabar su carrera universitaria, había asistido a clase de guitarra y piano.
-¿Y vas a tocar algo para mi?- Preguntó Cristina apoyándose en el gran piano de cola.
Carlos se quedó unos minutos en silencio y después se sentó delante de las teclas, abrió la tapa y con cuidado empezó a acariciarlas, haciendo sonar unas preciosas notas. Cristina lo miró tranquila, relajada, admirando aquel momento. Era precioso. Carlos, ella y un piano. Los dedos de Carlos paseaban ágiles entre las teclas, rozándolas levemente cuando no tenía que tocarlas y apretando para que sonaran.
“I´ve heard there was a secret chord, That David played, and it pleased the Lord, But you don´t really care for music, do you?”
Carlos empezó a cantar, levantando sólo la vista de las teclas en la última parte. Cristina notó cómo se enrojecía. Continuó cantándole a las teclas.
“The baffled king composing Hallelujah. Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah.”
Siguió cantando, pero esta vez cantándole a Cristina, mirándole a los ojos mientras acariciaba las teclas.
“Her beauty and the moonlight overthrew you, She tied you to a kitchen chair, She broke your throne, and she cut your hair. And from your lips she drew the Hallelujah.”
Esta vez el estribillo lo cantaron juntos, mezclando sus voces, sin alzarlas mucho, pues no hacía falta, la sala estaba en silencio, tan solo roto por las notas del piano y sus voces danzando en la harmonía.
“Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah…”
-Pero es verano, Cris - Protestó la pequeña.
-Ya, pero igualmente puedes resfriarte con el cambio de temperatura.
-Ah. ¿Tú tienes hijos?
-No, yo no tengo - Dijo Cristina y Carlos la miró a los ojos cuando ella levantó la mirada buscándole. –Pero ganas no me faltan.- Dijo al rato y volvió a mirar a la niña.- Y ahora vamos a cambiarte porque vamos a ir a cenar.
-¿Vamos a ir a algún lado a cenar?
-No, pero os voy a preparar la mejor cena del mundo - Dijo Carlos entonces.
-Pero si tú no sabes cocinar - Dijo Ainara poniendo sus manos en su cintura.
-Sí que sé. Díselo Cris.
-Sí que sabe, sí.
-¿Ha cocinado para ti?
-Ha cocinado para mi muchas veces.
-¿Entonces puedo fiarme de que no meta veneno en mi cena?
-Es más, me vas a ayudar a preparar la cena.
-¿De verdad?
-Sí, vas a ser una pequeña cocinera. Ves tirando para la cocina y dime dónde está la harina…
Ainara salió corriendo dirección a su habitación, se cambió de ropa y se puso una camiseta grande con el logo de Auryn y los cinco chicos saltando.
-Siempre me la pongo –Dijo con una sonrisa al volver al comedor.-Dice mamá que le recuerda a cuando todo estaba bien.- Después salió disparada hacia la cocina, allí esperó pacientemente a Carlos.
-¿Pruebas a llamar a Yoli o a David otra vez?
-No van a cogerlo, seguro que no están ni trabajando.
-Son las ocho, estos no van a venir.
-¿Te quedas con el pequeño?
-Voy a cambiarme, lo llevo conmigo, no te preocupes.
-¿Estarás bien?-Preguntó él, poniéndose a la altura, acercándose a ella.
-¿Lo dudas?- Ella se acercó y le besó en los labios. Fue un beso rápido, fugaz, pero ambos se miraron a los ojos y volvieron a sonreír. Cristina cogió a Nicholas y se marchó hasta la habitación a ponerse de nuevo su ropa.
Mientras se vestía y vigilaba que el niño no saltara de la cama mientras jugaba con uno de sus coches, Cristina pensó en lo que acababa de hacer. ¿Qué hacía? Su plan no era ese. ¿Tenía acaso un plan? Ella tenía claro lo que quería, volver a recuperar la confianza que había perdido al marcharse, al huir. Quería volver a estar como antes, amigos si hacía falta. Pero estaba visto que Yolanda no quería lo mismo. Ni ella misma quería que eso quedara en una simple amistad.
Se estaba volviendo loca. Miró a Nicholas y lo cogió entre sus brazos mientras bajaba las escaleras hasta la planta inferior y hasta la cocina. Cuando entró, se encontró con Carlos y Ainara cerrando el horno y ambos manchados de harina, igual que el mármol de la cocina y el suelo.
-¿Qué habéis hecho?- Preguntó sin dejar al niño en el suelo.
-¡¡Pizza!! - Gritó Ainara y empezó a dar palmas.
-¿Y con la harina?
-Con la harina hemos hecho la masa.
-Y peleado - Apuntilló Carlos.- Venga, vete a poner el pijama y a limpiarte. –Le dijo a la niña y se marchó alegremente, dando pequeños saltitos.
-Supongo que me tocará limpiar esto.
-¿Por qué no se lo dejamos a David y Yolanda… ya que nos han encerrado aquí? –Preguntó en un susurro, sonriendo y Cristina no pudo negarse.
Después de cenar y ver la tele un rato, Cristina y Carlos acabaron acostando a los niños, cada uno en su cama, aunque protestaron ya que querían dormir en la cama de sus padres. Acabaron agotados por la lucha de meterlos a dormir y que se durmieran. Antes tuvieron que leerlos un cuento que iba sobre unos animales que acababan montando un grupo musical.
-¿No hay nada en esta casa que no me recuerde a lo que ya no somos?- dijo Carlos dejándose caer en el sofá, al lado de Cristina.- Al grupo, me refiero.- Dijo cuando se dio cuenta de que aquella pregunta se podía asociar a su antigua relación. – Tienen cuentos infantiles que van sobre grupos, los CDs de Auryn los tienen colgados en el despacho de David. En el de Yolanda hay un piano…
-¿Tiene un piano?- Preguntó Cristina.
-No has estado en esta casa, ¿no?
-¡Qué va!
-¿Quieres que te haga un tour?
-No hombre, un tour no, pero que me enseñes la habitación dónde está el piano pues cómo que sí - Le dijo Cristina sonriendo como una niña pequeña, él se levantó y le tendió la mano. Ella la cogió sonriendo. No sabía a lo que estaba jugando, pero le gustaba.
Caminaron cogidos de la mano, subieron las escaleras juntos mientras Carlos le iba explicando que, durante estos cuatro años, le habían aconsejado que aprendiera a tocar algún instrumento y que, aparte de acabar su carrera universitaria, había asistido a clase de guitarra y piano.
-¿Y vas a tocar algo para mi?- Preguntó Cristina apoyándose en el gran piano de cola.
Carlos se quedó unos minutos en silencio y después se sentó delante de las teclas, abrió la tapa y con cuidado empezó a acariciarlas, haciendo sonar unas preciosas notas. Cristina lo miró tranquila, relajada, admirando aquel momento. Era precioso. Carlos, ella y un piano. Los dedos de Carlos paseaban ágiles entre las teclas, rozándolas levemente cuando no tenía que tocarlas y apretando para que sonaran.
“I´ve heard there was a secret chord, That David played, and it pleased the Lord, But you don´t really care for music, do you?”
Carlos empezó a cantar, levantando sólo la vista de las teclas en la última parte. Cristina notó cómo se enrojecía. Continuó cantándole a las teclas.
“The baffled king composing Hallelujah. Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah.”
Siguió cantando, pero esta vez cantándole a Cristina, mirándole a los ojos mientras acariciaba las teclas.
“Her beauty and the moonlight overthrew you, She tied you to a kitchen chair, She broke your throne, and she cut your hair. And from your lips she drew the Hallelujah.”
Esta vez el estribillo lo cantaron juntos, mezclando sus voces, sin alzarlas mucho, pues no hacía falta, la sala estaba en silencio, tan solo roto por las notas del piano y sus voces danzando en la harmonía.
“Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah…”

No hay comentarios:
Publicar un comentario