martes, 6 de noviembre de 2012
Capítulo 20.
Los ojos de Cristina brillaban como dos diamantes bajo la potente luz de un foco. Miró a Carlos con una gran sonrisa en la cara. No podía remediarlo, la sonrisa le había salido al oír esas palabras que él acababa de pronunciar: Siempre te he querido y siempre te querré.
Carlos la miraba atónito. Cuatro años de silencio, de lágrimas, de llanto, de canciones escritas para ella y cantadas al viento. Cuatro años de pagar a un psicólogo para contarle todo aquello para que ahora, a la hora de la verdad, a la hora de confesárselo todo a Cristina no le doliera. Y no le había dolido, le había salido tranquilamente, como quién habla del tiempo que hace en la calle.
Ese momento había sido precioso. Tendría que haberse grabado para después, años más tarde, enseñárselo a familiares y amigos. La habitación estaba casi en penumbras, apenas iluminada; por eso, a Cristina le costó ver la mano de Carlos que se deslizaba por el sofá azul hasta posarse sobre su rodilla. Al principio se sobresaltó, pero Carlos la calmó con una caricia. Ella se acercó más a él. Ambos estaban nerviosos. Carlos posó su otra mano sobre la barbilla de Cristina y la atrajo hacia él, besándola levemente sobre sus labios, sin dejar de mirarla a los ojos. Ella se separó, lo miró a los ojos y después, cómo un relámpago, no dudó en volver a besarlo, le rodeó el cuello con sus manos y se acercó más a él, estaba casi encima suyo. Se besaban con ganas, con pasión. Con ganas de comerse el mundo, de comerse el uno al otro a besos. Se tenían ganas.
Yolanda y David reían en el coche mientras se metían en el párking por un comentario que David había hecho en el momento adecuado. Subieron las escaleras del párking los dos cogidos de la mano, y cuando entraron en el salón se encontraron con aquél panorama.
Cristina estaba sentada encima de las piernas de Carlos y ambos se besaban con gran fervor. David carraspeó y Yolanda se tapó la cara para que ellos no vieran que se estaba riendo. Encendieron la luz y Cristina se separó deprisa de los labios de Carlos.
-Hostias -Murmuró ella, sentándose de nuevo en el sofá y bajándose la camiseta. Después miró a Carlos y ambos empezaron a reírse como si tuvieran quince años, de nuevo.
-Esta os la guardo -Dijo Carlos levantándose y acercándose a David y a Yolanda.-Por gastarnos esta… broma y por interrumpirnos - Esto último se lo susurró a David y después miró a Cristina.- ¿Nos vamos? -Cristina se levantó de un salto del sofá y se despidió de la pareja, cogió su bolso y se marchó con Carlos.
-¿Dónde dormiste anoche?
-Me fui a casa de Víctor. Me sentía muy mal.
Cristina desconfiaba de esa respuesta, pero quizá no quería saber dónde había pasado la noche de verdad. Álvaro se acercó a ella por la espalda, rodeó el sofá y la besó en la frente, abrazándola. Era la primera discusión entre ellos en la que Cristina salía herida.
-¿Te has curado?- Preguntó Álvaro, dando la vuelta a la figura de Cristina, sentándose al lado de ella en el sofá y mirándole las manos. Las tenía vendadas, ambas.
-Simplemente barrí, me puse la venda y me fui a dormir.- Murmuró Cristina con la boca pequeña.
-Venga, cariño. No te enfades, perdóname, anoche… no era yo mismo. Me enfadé por lo que dijiste. Lo de Carlos, tienes razón, yo te dije que no te casaras con él, te lo dije, pero por que sabía que te haría daño y yo te quiero, y no quiero que te pasa nada. –La volvió a besar en la frente.- Vamos al baño y miro de curarte.
En el baño, Álvaro limpió la herida de Cristina con agua y jabón y después le envolvió la mano con una venda y le besó los nudillos.
-Perdóname.- Dijo una vez más y Cristina no pudo más que besarlo en los labios. Ambos se besaron en el cuarto de baño, pero no era un lugar seguro, así que Álvaro consiguió levantarla y llevarla hasta la cama en brazos. La dejó caer y se subió encima de ella, mientras la besaba por el cuello.
Sus ojos se veían a pesar de la poca luz que había en esa habitación. Un piso muy grande, con unas altas paredes y unos grandes ventanales, pero sus ojos eran preciosos con esa poca luz. Cristina lo miró desde abajo mientras Carlos la miraba sonriente. Volvió a hundir la cabeza en el cuello de la chica, besando y dando pequeños mordiscos, sólo cómo él sabía, sólo como a ella le gustaba.
Habían subido las escaleras a duras penas, ya que Carlos había lanzado las llaves sobre el mármol de la cocina y había agarrado a Cristina de la cintura, había conseguido sentarla en unos escalones y había empezado ahí a desnudarla, pero al fin habían conseguido llegar hasta la parte superior, hasta el dormitorio.
Paseaba sus manos por las caderas de la chica y ella las elevaba, juntándose más a las de él. De su boca salió un precios suspiro, un suspiro que indicaba que ella había estado esperando, y deseando, ese momento. Y que no iba a parar.
Carlos volvió a sus labios; primero los acarició con su pulgar, después los besó tímidamente, como si fuera la primera vez, después pasó a la acción e hizo que ambas lenguas se entrelazaran en un perfecto baile. Las manos de Carlos vagaron por las caderas de Cristina, bajando levemente la ropa interior de la chica. Sus manos fueron ágiles, igual que las piernas de ella, se levantaron en el momento justo para que él pudiera lanzar la ropa interior lejos, para que pudiera quitársela del cuerpo, dónde le molestaba. Sus dedos, ya habían aprendido la lección, venían sabidos, tenían experiencia, desabrocharon el cierre del sujetador y sus dedos se posaron en los pezones, jugueteando con ellos en círculos mientras las dos bocas seguían pegadas.
Con un leve asentimiento de cabeza por parte de Cristina, Carlos supo que era el momento. Ninguno de los dos sabía de verdad si esto era una reconciliación o solamente sexo de rencuentro, pero sabían que lo iban a recordar, y lo más importante, que lo necesitaban.
Cristina Noyes © 2012
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Me encantaria leer la primera parte , me puedes pasar el link
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