jueves, 13 de diciembre de 2012
Capítulo 23.
El calor azotaba fuertemente las calles de Madrid, y ni el aire acondicionado del dúplex de Carlos les hacía pasar bien este caluroso verano. Cristina se paseaba ligera de ropa, hablando de cosas sin sentido. En su mente, no podía parar de darle vueltas a la charla que habían tenido los tres; Carlos, Carol y Cris, hacía más de dos semanas.-Nos vamos al norte.- Sentenció. Cogió su teléfono y marcó el número de Nahia. Esta contestó alegremente.
-Hola preciosa.-Dijo y aguardó a las palabras de Cristina-¿Cómo lo tienes para que vayamos unos días a tu gran casona?
-¿Vayamos?- Se quedó callada. ¿Tú y quién más, pillina?
-Yo y Carlos, por supuesto.
Nahia no esperaba esa respuesta. Esperaba escuchar el nombre de Álvaro, escuchar que ya se habían arreglado. Pero no, era Carlos, de nuevo. Se quedó callada.-¿Qué te parece?- Preguntó la chica. Le molestaban aquellos silencios, y más si sabía a qué eran debidos. Nahia estuvo al lado de Cris cuando esta decidió marcharse con Álvaro y siempre los había apoyado.
-Sí, claro, venid cuando queráis. Sabes que aquí hay habitaciones de sobra.
-Perfecto. ¿Cuánto iríamos?- Ahora Cristina le hablaba de nuevo a Carlos.- Dice Carlos que si pasado mañana te va bien.
-Claro, venid de aquí a dos días y lo tendréis todo ya preparado. Sabes la dirección, ¿no? Pues antes de llegar, me llamáis.
Nahia se había puesto muy contenta con la inminente visita de Cris, aunque esta viniera con la sorpresa de que estaba de nuevo con Carlos. Nada más colgar, llamó a Dani.-Hola, soy Daniel, si has dado con mi número… ¡Eres muy afortunado! Prueba a dejar un mensaje y si tienes suerte, te devolveré la llamada.- Nahia odiaba el contestador automático de su marido.
-Oye, rubio arrogante, mueve el culo de tus clases de kárate y devuélveme la llamada, es importante.
Dejó el teléfono en la cocina y fue hasta la habitación dónde guardaban las sábanas. Cogió dos juegos de sábanas; uno para una cama de matrimonio, y otro para una cama individual. Subió las escaleras y se puso a hacer las camas. La mente de Nahia había trazado un plan.
Cuando Daniel llegó a casa después de sus clases de kárate los sábados, se encontró a su mujer en el piso de arriba, acabando de ordenar una habitación de invitados.-¿Vamos a tener invitados?- Preguntó éste rodeándola por la cintura y besando su cuello. Acción que ella rechazó con un movimiento rápido, apartándose de él y del armario dónde estaba colocando unas mantas.- Veo que seguimos enfadados por lo de anoche.- Dijo él alzando las manos.
-¿Has puesto la ropa a lavar, o directamente has venido a meterme mano?- Preguntó ella de manera reprochante, sin dejar de ordenar las cosas, sin mirar al chico.
-Lo he dejado todo en la cocina.
-¿Y Dani?- Preguntó refiriéndose a su hijo.
-Está en la cocina con Alfie. ¿Vas a hacerme caso? –Le rogó el chico mientras Nahia caminaba de habitación en habitación, colocando las cosas bien para los próximos invitados.
-¿Qué?- Dijo ella dejando un montón de sábanas caer sobre una de las camas. Miró a Daniel enfadada y resopló.
-¿Quién va a venir?- El chico meditó la pregunta y finalmente hizo esta.
-Arg, que te den. –Volvió a coger la ropa y se marchó escaleras abajo. Llegó a la cocina y besó en la cabeza a su hijo, después metió la ropa en la lavadora y volvió a la cocina para abrir la mochila de kárate de su marido y su hijo. Daniel la seguía, esperando una respuesta. Nahia se giró al sentir su presencia, más cerca que antes.- Va a ser una sorpresa. No te voy a decir quién va a venir.
-¿Por qué?- Quiso saber el chico.
-Primero de todo, porque es una sorpresa. Segundo, porque me matarías y tercero, porque sigo enfadada contigo por lo de anoche.
-¡Pero si solamente te quité el mando de la televisión!- Gritó él, poniéndose las manos en la cabeza.
-Pues por eso. –Murmuró ella con la boca pequeña, pasando otra vez a su lado, esquivándolo.
-No puedes estar toda la vida así.
-No me retes. –Dijo ella y se agachó para coger a Daniel. – Enciende el horno, la comida está dentro.- Dijo ella mientras se marchaba al salón con su hijo.
Ambos se sentaron en el salón, en un gran sofá de piel que tenían. El pequeño Daniel se puso a ver la televisión, mientras que Nahia cogía su teléfono y empezaba a mandar unos mensajes. Reía para ella, tal vez el karma se lo devolviera después, pero tenía que probar a ver qué pasaba.
Cristina Noyes © 2012
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