viernes, 21 de diciembre de 2012

Capítulo 24.


Carlos miró la pantalla del GPS una vez más, pensaba que se había equivocado de casa; aquella era demasiado grande, demasiadas ventanas y demasiado espacio para Daniel y Nahia, pensó. Pero tal vez debería haber hecho caso a Cristina, cuando daba vueltas incesantemente por el comedor de casa hablando maravillas de la casa de Nahia, que si era enorme, que si tenía muchas habitaciones.

Miró hacia el asiento del copiloto, y ahí estaba Cristina, medio tumbada en el asiento y dormida. Las luces de la tarde caían sobre su pelo, su cara y su pecho y le parecía la chica más guapa del mundo. Le sabía mal despertarla, así que deslizó su mano por el hombro de ella, acariciándole la piel suavemente. Llevándola después a la mejilla y susurrando su nombre.

Una de las muchas cosas buenas que tenía Cristina era su buen despertar. Podías despertarla a la hora que fuera, que lo primero que hacía era mirarte y sonreírte. Después te daba los buenos días y se servía una gran taza de leche manchada de café. Pero en el coche, y a las siete de la tarde, poca leche encontraría.

-¿Ya hemos llegado? –Preguntó ella, sacando a Carlos de su ensoñación mientras se desperezaba.
-Eso parece. –Dijo Carlos volviendo a mirar a la gran casona que tenían delante.
-Sí. Esa es la casa de Nahia.- Murmuró Cristina y se quitó el cinturón.

Los dos anduvieron hasta la puerta de entrada arrastrando sus maletas por la grava. Cristina entrelazó sus dedos con los de Carlos y besó su mejilla antes de llamar al timbre. Se oyeron unos pasos bajar unas escaleras, un golpe, y las llaves girar al otro lado de la puerta.

Abrió la puerta una sonriente Nahia que se lanzó rápidamente al cuello de Cristina e hizo que la mano de la chica y la de Carlos se separaran.

-¡Dios qué guapa estás!- Exclamó la chica, sosteniéndola por los hombros. Estás preciosa de morena, preciosa.- Después miró a Carlos y le sonrió, le dio dos besos y le dio un fuerte abrazo. Cuatro años sin verse las caras era duro.


Cuando Cristina y Carlos se separaron, hicieron una especie de separación de amigos, algunos eligieron en qué bando debían quedarse, cuál de los dos era más amigo. Otros no tuvieron la misma opción, Cristina se encargó de poner tierra de por medio. Nahia prefirió elegir, y eligió a Cristina y Álvaro. Siempre los había apoyado, y le parecía que hacían una pareja perfecta. ¿Por qué no apoyar a su amiga?

Cuando se mudaron a vivir de nuevo a Bilbao, Daniel se encargó de separarse de los demás, ya que se veían bien poco y hablaban de vez en cuando.

Cuando se separaron Nahia y Carlos, pudieron ver en la puerta a Daniel, esperando, de brazos cruzados, mirando fijamente a Carlos. Cuando Nahia se apartó, Daniel salió corriendo y se abalanzó sobre Carlos, los dos se abrazaros y se quedaron ahí juntos mucho rato.

Carlos apretó a Daniel contra su pecho, y notó como si su vida volviera unos años atrás. Sabía que podía acabar llorando. Recordó cada uno de los momentos que habían pasado juntos, cómo se habían conocido, el primer concierto, la primera puesta en escena en aquél programa, las entrevistas, las firmas de discos, los viajes interminables para ir a hacer concierto a lugares remotos. Todos aquellos momentos pasados y que ahora le habían venido a la cabeza de golpe.

-Vaya casa tienes.- dijo Carlos cuando consiguieron separarse, a ambos se les veía emocionados puesto que hacía mucho tiempo que no se veían.
-Pasad hombre, pasad.- Les instó Nahia.- Dentro está puesto el aire acondicionado y se me va a escapar el gato.- Dijo sonriendo y cogiendo a Cris de la cintura para conducirla dentro de la casa.
-Nahia, ¿puedes llevar la maleta de Carlos?- Preguntó Dani amablemente. Ella asintió.- Quiero enseñarle una cosa antes de entrar, Cris ya conoce todo esto.


Dani cogió a Carlos por los hombros y lo llevó unos metros más allá de dónde el joven había aparcado el coche hacía escasos minutos.

-¿Ves todo esto?- Preguntó Dani.
-Solamente veo campo. Verde. –Dijo Carlos un poco intrigado, girándose a mirar la cara de su amigo.
-Todo esto, hasta aquellos árboles…- Daniel hizo una pausa para darle más énfasis a sus palabras.- Todo esto es mío, amigo.- Dijo palmeando el hombro del otro.

Carlos se quedó sin habla. No podía creerse que todos aquellos metros de tierra, todo verde, todo precioso, fuera de Daniel. Su Daniel, el pequeño Blueheart de Auryn. Ambos se quedaron en silencio, cogidos de los hombros, admirando la inmensidad de los campos.



Cristina Noyes © 2012

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