lunes, 1 de octubre de 2012

Capítulo 17.


-Oh, ¡mierda!- Murmuró Cristina cerrando las manos en puños y apretando a sus costados.
Al abrirse la puerta de la casa, puerta que estaba separada de ella por un palmo, se encontró con la cara sonriente de Carlos.
-¿Qué haces aquí?- Preguntó él desconcertado. Pudo notar cómo en su pecho su corazón latía con fuerza.
-Yoli me ha llamado para que venga a cuidar de los niños. ¿Tú?
-Lo mismo, pero ha sido David. –Carlos la miró y sonrió.- Lo han tenido que planear.
-No le veo otra explicación.- Cristina estaba preparada para darse la vuelta y marcharse cuando Carlos abrió más la puerta y sonrió de oreja a oreja.
-Pasas, ¿no? No me digas que te vas a ir y me vas a dejar aquí con los niños, que yo no tengo mano para esto, ya lo sabes.- Carlos se calló.- Ya lo hablamos en su día. Tú seguro que tienes mano con ellos, seguro, todas tenéis instinto maternal. A ti se te ha tenido que despertar, ¿has…? ¿Has tenido hijos con Álvaro?
Cristina lo miró a los ojos y notó cómo los recuerdos volvían a su mente, aunque intentó borrarlos.

La ambulancia corría rápida por las calles de Barcelona hasta el hospital que Álvaro les había indicado. Estaba sentado en la parte trasera, aferrando la mano de Cristina mientras le apartaba el pelo de la frente.
-¿Estás bien?- Le preguntó en un susurro, mirándola a los ojos.
-¿A ti que te parece?- Preguntó ella en el tono más fuerte que pudo.- No estoy bien, siento como si me hubieran arrancado algo de mis entrañas…- Y empezó a llorar de nuevo.
Llevaba el vestido subido hasta las rodillas, y estaba lleno de sangre, igual que las medias y las piernas. Las manos le temblaban y no podía decir más de dos palabras sin llorar. Cuando avisaron a Álvaro, no pudo más que cancelar la obra y posponerla una semana más tarde.
-Siento haberlo jodido todo.- Murmuró Cristina, que estaba tumbada en una camilla.- El bebé, la obra de teatro…
-No sientas nada, ha pasado y ya está.
-Siento que se acabara Auryn por mi culpa.-Murmuró.
-¿Qué? No, no, de eso nada, no acabó por tu culpa, y ahora no pienses en eso.
La ambulancia se paró y rápidamente abrieron las puertas de la ambulancia y sacaron la camilla de Cristina. Álvaro soltó su mano y caminó detrás de la camilla mientras Cristina lloraba. 
-Tenemos que llevárosla a la consulta ginecológica y ahí ya veremos. Puede esperar aquí. –Le indicó uno de los médicos que la había atendido rápidamente nada más entrar por la puerta de urgencias.
Álvaro se quedó en aquella sala pequeña, con dos sofás y unas revistas viejas y manoseadas. El reloj iba demasiado lento, o eso le parecía a él. No podía parar de andar de un lado a otro. Envió mensajes para calmar a los amigos de Cristina que estaban con ella en el teatro, para explicarles que cuando saliera ya les avisarían. Se había puesto nervioso, había tenido que salir corriendo del teatro, vestido con la ropa de la obra. Le pidió a Rocío, amiga de Cristina, que pasara por casa y le cogiera unos pantalones y una camiseta antes de pasarse por el hospital.
Una hora después un médico le informó del número de habitación en el que se encontraba Cristina, llevándole hasta allí mientras le indicaban que, efectivamente, habían perdido al bebé. 
Entró a la habitación, las luces estaban apagadas pero podía escuchar la respiración entrecortada de Cristina. Movió el pequeño sofá, acercándolo a la cama y ambos se quedaron dormidos con sus manos entrelazadas.

Cristina negó con la cabeza y entró en la casa.
-Mejor que no hablemos de eso ahora.
Carlos cerró la puerta y la acompañó hasta el comedor, dónde Ainara estaba sentada en el sofá viendo la televisión y Nicholas se peleaba con un coche de juguete de color púrpura.
-Hola pequeñines.- Dijo ella. Dejó el bolso encima de la mesa y se arrodilló para darle un beso al niño.-Este debe de ser el pequeño Nicholas.
-¿No los conoces?
-No he tenido la oportunidad de conocerlos.
-Yo soy Ainara.- La niña bajó del sofá y caminó hasta Cristina con la mejor de sus sonrisas.
-Yo a ti sí que te conozco.- Dijo Cristina sonriendo.- Tengo que tener alguna fotografía por ahí contigo de bebé…
-¿Eres la novia del tito Carlos? – Carlos se agachó hasta estar a la altura de la niña y negó con la cabeza.
-Es solamente una amiga de mamá y papá. Se llama Cristina. –Dijo él con la voz calmada.
-¿Tú no la conocías, por qué la has invitado?
-Me ha llamado mamá.- Dijo Cristina. No tenía instinto maternal ni paciencia para tratar con niños. Iba a ser una noche larga.-Voy a dejar las cosas y ahora vengo a jugar con vosotros. ¿Sí?
-¿Podremos bañarnos en la piscina?-Ainara miró a Cristina a los ojos.
-Por mi no hay ningún problema.- Dijo Cristina.
-Te llevaré hasta la habitación de mamá para que puedas cambiarte y dejar tu bolso. – Y la pequeña empezó a caminar por el comedor. Carlos las miró desde lejos, desde el suelo, dónde estaba con Nicholas, que no se enteraba de nada de tan pequeño que era. Las miró
sonriendo mientras Cristina le miraba y le sonreía de manera infantil, divertida. Carlos bajó la vista hacia el niño cuando las dos desaparecieron y se imaginó cómo hubiera sido su vida si su lío con Verónica nunca hubiera ocurrido y Cristina nunca lo hubiera dejado en el altar. Su vida sería así, viviendo en una casa grande, con piscina, y con dos hijos, o tal vez tres, y un perro.

Al cabo del rato, Cristina apreció otra vez por el comedor con una camiseta larga y semitransparente que dejaba ver un minúsculo bikini negro e iba acompañada de Ainara, que llevaba un bañador naranja de flores. Ambas salieron corriendo hacia el jardín a la piscina. Carlos las siguió con los ojos hasta que les perdió la pista y escuchó el chapoteo del agua.
-¿Te apetece que nos metamos en la piscina, pequeño?- Le preguntó a Nicholas.
-Brum, brum. Oche. –Le contestó el niño, elevando un coche.
-Pues me quedaré aquí contigo jugando con los coches.- Dijo Carlos y cogió un coche amarillo.


Cristina Noyes © 2012

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