El sol entraba por la ventana de la cocina mientras la cafetera dejaba caer el último chorrito de café. Se podía ver la calle desde esa ventana, la gente paseaba tranquila, admirando el buen día en el que habían amanecido. Cogió la taza de café y anduvo hasta la mesa del comedor, dónde dejó la taza. No parecían las tres de la tarde, al menos para ella.
Idiota. Era una idiota. Se había pasado toda la noche, y parte de la mañana repitiéndoselo.
Lo tenías ahí, todo para ti. ¿Cómo has podido ser tan imbécil, no es eso lo que venías buscando?- Le preguntó su voz interior.
-¡No!- Gritó y dejó la taza otra vez en la mesa.- ¡No quiero que sea así, tampoco sé si quiero que sea! ¡Maldita sea! –Llevó la taza hasta el fregadero, la dejó ahí y se encerró en su habitación.
-Esto no va a funcionar, es de locos. Y nos van a matar, ambos - Murmuraba Yolanda mientras lo preparaba todo.
-Escúchame - David la paró y la cogió de las manos.- Todo va a salir bien. Piensa por qué lo haces.
-¿Por qué lo hago?- Pregunto ella sin saber a qué se refería.
-Porque les quieres y quieres que vuelvan a estar juntos.
-Me van a matar. ¿Tú sabes si ellos quieren volver? No, no lo sabes. ¡Nadie lo sabe!
David negó con la cabeza, había sido una mala pregunta.
-Déjalo estar. Anoche se fueron juntos, algo pasaría, ¿no?
-¿Tú crees?
-No tienes esperanza puesto en esto - Murmuró David. Yolanda negó con la cabeza y cogió a Nicholas, lo llevó hasta el comedor y lo dejó en el suelo para que jugara con sus juguetes.- No me puedo creer que ahora te eches para atrás cuando tú eras la primera que quería que esto funcionara. ¿Sino para qué te tomaste la molestia de llamar a Cristina e informarla de todo lo que hacía o dejaba de hacer Carlos? Te recuerdo que fuiste tú quién le dijo la cafetería en la que se tomaba el café, y a qué hora, y también le dijiste dónde trabajaba. ¿Le dijiste dónde vivía?
-Sí - dijo ella sin mirarle a la cara.
-¡Ves!- Gritó David y el pequeño lo miró extrañado. –Vamos a la cocina. –Murmuró llevándose a Yolanda hasta la cocina, cerró la puerta y la miró a los ojos.-Tú lo arreglaste todo para que volvieran a verse y ahora no quieres que estén juntos.
-Es que yo no sé si ellos quieren estar juntos.
-Que se marcharan juntos anoche, dejándonos a todos, y a Carol, ahí, tal vez quiera decir algo.
Yolanda suspiró.
-Van a matarme.
-¡Calla y marca su número!- David se marchó a la otra punta de la cocina y marcó el número de teléfono de Carlos.
En la otra punta de la ciudad, Cristina estaba luchando por ponerse unas medias. Las odiaba, y al final, después de haber roto dos pares, se dio por vencida. Las dejó caer en el suelo y ella se tumbó en la cama. Su teléfono sonó en la cocina y salió corriendo. ¿Sería Carlos? Se preguntó cómo una quinceañera. En el fondo lo era. El nombre de Yolanda salía en la pantalla y ella lo cogió con una sonrisa.
-Sí tío, tienes que venir, la niñera nos ha fallado y tengo que irme. Yolanda está trabajando.
-Pero… Tío yo había hecho planes.- Dijo Carlos.
-¿Planes? -Quiso saber.
-Había pensado… Bueno, había pensado ir a visitar a una amiga, pero si no hay más remedio me encargo de tus renacuajos.
-Gracias tío.
-¿A las cuatro ahí?
-Sí, claro - David colgó y miró a Yolanda.- No nos van a matar, tranquila.
-No estoy muy segura. Se me va a atascar la cena.
David la besó en la mejilla y la abrazó. Se les había ocurrido planear todo aquello en unos cinco minutos. La mentira era buena, ambos tenían que trabajar y la niñera no podía quedarse con los niños. Perfecto. Ellos aprovecharían la tarde para ir a dar una vuelta y a disfrutar, como al principio, cómo si no tuvieran hijos. Después irían a cenar, seguramente volverían tarde a casa.
Cuando Carlos llegó, Yolanda ya se había ido, estaría esperando a David dentro del coche, en la siguiente calle, para hacer más real la mentira de que estaba trabajando. Ainara acudió corriendo a abrazar a Carlos, y esta la cogió en sus brazos mientras que David le iba dando los consejos de lo que tenía que hacer. David se marchó besando a sus hijos y dejando a Carlos en medio del comedor viendo los dibujos con los niños.
Un cuarto de hora más tarde, un taxi blanco daba la vuelta a la calle y se paraba delante de la casa. Cristina pagó y salió con sus gafas de sol y un corto vestido de flores. Así como un gran bolso dónde llevaba el bikini, por si acaso, y todas sus cosas. Se quedó parada ante el tamaño de la casa, por lo menos tenía tres pisos. Se acercó y llamó al interfono de la entrada.
Carlos salió corriendo. No esperaba a nadie.
-¿Quién?- Preguntó.
-¡Soy yo!-Dijo Cristina sonriente y animada.
-¡No te esperaba tan pronto!- Dijo Carlos y le abrió la puerta de la valla.
Carlos esperaba a Yolanda, y Cristina a David, por eso, la cara que se les quedó a ambos, cuando Carlos abrió la puerta de la casa, fue épica.
Cristina Noyes © 2012
-Escúchame - David la paró y la cogió de las manos.- Todo va a salir bien. Piensa por qué lo haces.
-¿Por qué lo hago?- Pregunto ella sin saber a qué se refería.
-Porque les quieres y quieres que vuelvan a estar juntos.
-Me van a matar. ¿Tú sabes si ellos quieren volver? No, no lo sabes. ¡Nadie lo sabe!
David negó con la cabeza, había sido una mala pregunta.
-Déjalo estar. Anoche se fueron juntos, algo pasaría, ¿no?
-¿Tú crees?
-No tienes esperanza puesto en esto - Murmuró David. Yolanda negó con la cabeza y cogió a Nicholas, lo llevó hasta el comedor y lo dejó en el suelo para que jugara con sus juguetes.- No me puedo creer que ahora te eches para atrás cuando tú eras la primera que quería que esto funcionara. ¿Sino para qué te tomaste la molestia de llamar a Cristina e informarla de todo lo que hacía o dejaba de hacer Carlos? Te recuerdo que fuiste tú quién le dijo la cafetería en la que se tomaba el café, y a qué hora, y también le dijiste dónde trabajaba. ¿Le dijiste dónde vivía?
-Sí - dijo ella sin mirarle a la cara.
-¡Ves!- Gritó David y el pequeño lo miró extrañado. –Vamos a la cocina. –Murmuró llevándose a Yolanda hasta la cocina, cerró la puerta y la miró a los ojos.-Tú lo arreglaste todo para que volvieran a verse y ahora no quieres que estén juntos.
-Es que yo no sé si ellos quieren estar juntos.
-Que se marcharan juntos anoche, dejándonos a todos, y a Carol, ahí, tal vez quiera decir algo.
Yolanda suspiró.
-Van a matarme.
-¡Calla y marca su número!- David se marchó a la otra punta de la cocina y marcó el número de teléfono de Carlos.
En la otra punta de la ciudad, Cristina estaba luchando por ponerse unas medias. Las odiaba, y al final, después de haber roto dos pares, se dio por vencida. Las dejó caer en el suelo y ella se tumbó en la cama. Su teléfono sonó en la cocina y salió corriendo. ¿Sería Carlos? Se preguntó cómo una quinceañera. En el fondo lo era. El nombre de Yolanda salía en la pantalla y ella lo cogió con una sonrisa.
-Buenos días - Dijo Yolanda, estaba nerviosa, pero no tenía que notársele o no saldría bien.
-¡Buenas!- Dijo Cristina- Hace solamente unas horas que me he levantado- Le aclaró.- Así que para mí sí que son buenos días.
-Lo sabía, y por eso te lo he dicho - Ambas rieron.
-¿Cómo va todo?- Preguntó Cristina.
-Bien, eh… esto… te llamaba porque quería pedirte un favor.
-Claro, dispara.
-Es que estoy trabajando y los niños están en casa, con David, y le han llamado que ha surgido un problema con uno de los cantantes a los que representa y tienen que ir a ver a un abogado y no sé qué más.
-Sí…- Murmuró Cristina, no sabía qué pintaba ella en todo eso.
-Y he llamado a la niñera que tenemos siempre, pero no puede venir.
–Silencio, un suspiro.- ¿Te importaría venir hoy a cuidar de ellos? Será solo hasta la noche.
-Sí, claro - Dijo Cris.
-¿No tienes nada que hacer, no interrumpo nada?
-No, ¡qué va! ¿Crees que tengo muchas cosas que hacer aquí? Me estaba peleando ahora con unas medias e iba a salir a dar una vuelta, pero no pasa nada, puedo pasear otro día, o llevarme a tus hijos.
-Claro, como quieras. ¿Vienes en coche?
-No, aún no lo tengo aquí, iré en taxi, ¿me das la dirección?
-¡Buenas!- Dijo Cristina- Hace solamente unas horas que me he levantado- Le aclaró.- Así que para mí sí que son buenos días.
-Lo sabía, y por eso te lo he dicho - Ambas rieron.
-¿Cómo va todo?- Preguntó Cristina.
-Bien, eh… esto… te llamaba porque quería pedirte un favor.
-Claro, dispara.
-Es que estoy trabajando y los niños están en casa, con David, y le han llamado que ha surgido un problema con uno de los cantantes a los que representa y tienen que ir a ver a un abogado y no sé qué más.
-Sí…- Murmuró Cristina, no sabía qué pintaba ella en todo eso.
-Y he llamado a la niñera que tenemos siempre, pero no puede venir.
–Silencio, un suspiro.- ¿Te importaría venir hoy a cuidar de ellos? Será solo hasta la noche.
-Sí, claro - Dijo Cris.
-¿No tienes nada que hacer, no interrumpo nada?
-No, ¡qué va! ¿Crees que tengo muchas cosas que hacer aquí? Me estaba peleando ahora con unas medias e iba a salir a dar una vuelta, pero no pasa nada, puedo pasear otro día, o llevarme a tus hijos.
-Claro, como quieras. ¿Vienes en coche?
-No, aún no lo tengo aquí, iré en taxi, ¿me das la dirección?
Yolanda le dio la dirección mientras le guiñaba un ojo a David, en señal de que todo había ido bien.
-¿Y a qué hora voy?
-En una hora o así David sale de casa, si puedes llegar a las cuatro y algo… perfecto.
-¡Perfecto! ¿Llevo algo?
-Si quieres puedes traerte un bikini, para la piscina.
-¿Tenéis piscina?
-Tenemos, tenemos.
-Vale, me estoy imaginando tu casa.
-¡Es verdad, que tú nunca has estado! Le puedes pedir a Ainara que te haga un pequeño tour… Oye te dejo, que tengo que preparar las cosas. ¡Eres un sol!- Y Colgó. Pegó la espalda a la pared y suspiró, miró a David, que estaba tejiendo su gran mentira
-¿Y a qué hora voy?
-En una hora o así David sale de casa, si puedes llegar a las cuatro y algo… perfecto.
-¡Perfecto! ¿Llevo algo?
-Si quieres puedes traerte un bikini, para la piscina.
-¿Tenéis piscina?
-Tenemos, tenemos.
-Vale, me estoy imaginando tu casa.
-¡Es verdad, que tú nunca has estado! Le puedes pedir a Ainara que te haga un pequeño tour… Oye te dejo, que tengo que preparar las cosas. ¡Eres un sol!- Y Colgó. Pegó la espalda a la pared y suspiró, miró a David, que estaba tejiendo su gran mentira
-Sí tío, tienes que venir, la niñera nos ha fallado y tengo que irme. Yolanda está trabajando.
-Pero… Tío yo había hecho planes.- Dijo Carlos.
-¿Planes? -Quiso saber.
-Había pensado… Bueno, había pensado ir a visitar a una amiga, pero si no hay más remedio me encargo de tus renacuajos.
-Gracias tío.
-¿A las cuatro ahí?
-Sí, claro - David colgó y miró a Yolanda.- No nos van a matar, tranquila.
-No estoy muy segura. Se me va a atascar la cena.
David la besó en la mejilla y la abrazó. Se les había ocurrido planear todo aquello en unos cinco minutos. La mentira era buena, ambos tenían que trabajar y la niñera no podía quedarse con los niños. Perfecto. Ellos aprovecharían la tarde para ir a dar una vuelta y a disfrutar, como al principio, cómo si no tuvieran hijos. Después irían a cenar, seguramente volverían tarde a casa.
Cuando Carlos llegó, Yolanda ya se había ido, estaría esperando a David dentro del coche, en la siguiente calle, para hacer más real la mentira de que estaba trabajando. Ainara acudió corriendo a abrazar a Carlos, y esta la cogió en sus brazos mientras que David le iba dando los consejos de lo que tenía que hacer. David se marchó besando a sus hijos y dejando a Carlos en medio del comedor viendo los dibujos con los niños.
Un cuarto de hora más tarde, un taxi blanco daba la vuelta a la calle y se paraba delante de la casa. Cristina pagó y salió con sus gafas de sol y un corto vestido de flores. Así como un gran bolso dónde llevaba el bikini, por si acaso, y todas sus cosas. Se quedó parada ante el tamaño de la casa, por lo menos tenía tres pisos. Se acercó y llamó al interfono de la entrada.
Carlos salió corriendo. No esperaba a nadie.
-¿Quién?- Preguntó.
-¡Soy yo!-Dijo Cristina sonriente y animada.
-¡No te esperaba tan pronto!- Dijo Carlos y le abrió la puerta de la valla.
Carlos esperaba a Yolanda, y Cristina a David, por eso, la cara que se les quedó a ambos, cuando Carlos abrió la puerta de la casa, fue épica.
Cristina Noyes © 2012

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