jueves, 23 de agosto de 2012
Capítulo 11.
Rocío estaba en casa, bajó un momento a comprobar el correo, ya que sabía que Cristina no lo haría y, para su sorpresa, encontró un sobre en el buzón con el nombre de su compañera de piso. Dejó el sobre encima de la mesita de café que había entre el sofá y la tele y se sentó a pensar de qué podía ser esa carta.
Tal vez fuera una citación judicial, pensó. Tal vez Álvaro le reclamara algo. Le dio la vuelta al sobre, no había remitente; lo volvió a dejar encima de la mesa. Tal vez fuera de Carlos; cómo ahora Cristina había vuelto, tal vez él quería que le pagase los gastos de la boda. Carlos no era de esos, o al menos eso era lo que creía ella. Por lo que sabía, el segundo encuentro entre Carlos y Cristina había acabado bastante bien, con un beso camino a casa.
Cristina había salido a comprar algo de fruta. Se le habían antojado cerezas y al final había acabado comprando media sandía y dos kilos de cerezas. Le había pedido a Rocío que por favor la dejara ir sola, que no le pasaría nada. No había vuelto a desmayarse desde aquel primer encuentro con Carlos, y de eso ya había pasado un mes. Habían acudido a un médico que le había recetado unas pastillas para antes de irse a dormir y unos ejercicios respiratorios para estar más relajada.
Cuando llegó a casa y abrió la puerta, Rocío cogió el sobre de encima de la mesa y salió corriendo hasta dónde estaba Cristina con la sandía y las cerezas.
-¡Ha llegado una carta para ti! – Gritó alegremente, moviendo la carta en el aire.
-¿De quién es?- Cristina entró en la cocina y dejó en el mármol la sandía y las cerezas.
-No hay remitente - Dijo.- Tan solo tu nombre escrito a máquina. Me da miedo.- Concluyó. Cristina le arrebató la carta de las manos, cogió un par de cerezas y se dejó caer sobre el sofá, colocando las piernas encima de la mesa de café y rajó el sobre.
Cristina sacó una especie de felicitación Navideña, pero con una imagen de la silueta de un hombre, de espaldas, mirando una puesta de sol en la playa, con las letras Tal vez. Rocío miró a su amiga, impaciente por saber qué ponía dentro. Cristina abrió la postal lentamente y se sorprendió por lo que había dentro.
“Blas Cantó presenta la reedición de su disco, Tal vez, en el hotel Ritz de Madrid en una fiesta íntima para sus más allegados.”
-¿Blas me ha invitado a su fiesta?- Preguntó Cristina atónita. Ambas siguieron leyendo la invitación. En él se explicaba la hora, el día y el lugar exacto dónde tendría lugar el evento, así como la vestimenta que había que llevar, ya que empezaría por la tarde y se alargaría hasta la noche.
-Pongo la mano en el fuego de que ha sido Yolanda.-Dijo Rocío.
-Pues se lo agradezco. Por qué tengo ganas de volver a ver a Blas y María.
-¿Y Carlos?- Preguntó Rocío.
Desde que se vieron, Rocío no había vuelto a saber nada de sí Cristina había hablado con él otra vez o a quedar. Y había sido así, Cristina no lo había visto más, ya que él no le devolvió las primeras llamadas y ella desistió. A Cristina se le abrieron los ojos como platos al pensar que lo más seguro era que Carlos también estuviera invitado. Le aterraba la idea de que él no quisiera ir por si iba ella.
-Pues estará ahí.- Dijo al final.- Da igual, iré. Pone con acompañante. ¿Vendrás conmigo?
Rocío se miró una vez más le fecha, temiendo lo que iba a decir. No quería dejarla ir sola.
-Para esas fechas yo ya estoy en Barcelona. Pero puedo ayudarte a buscar el vestido perfecto.
Cristina miró le fecha también, y al escuchar la palabra Barcelona, sus pensamientos volaron hasta ahí.
Era la noche del estreno de la obra de teatro de Álvaro, llevaban ensayando más de cinco meses y, por fin, había llegado el día del estreno. En el letrero del teatro Goya se podía leer, con letras bien grandes la palabra París. Así se llamaba la obra de teatro protagonizada por Álvaro y la recién llegada Aurélie.
Cristina se había negado a saber de qué iba la obra, no quería saberlo, quería sorprenderse por cada frase, por cada acción. Estuvo más de tres semanas buscando el Vestido Perfecto, así era cómo lo había llamado Rocío, que la ayudó a buscarlo y comprarlo. Tenía que ser un vestido especial para una noche especial; ella era la novia del autor y protagonista, además, estaban esperando su primer hijo. Esa noche iba a ser especial.
La gente empezó a saludarla nada más pasó por la puerta del teatro, acompañada de Rocío, que se había puesto un vestido azul precioso.
-Estás espectacular.- Dijo una mujer mayor con un fuerte acento catalán.- Ya nos lo ha dicho Álvaro.- murmuró la señora, acariciándole el vientre.- Enhorabuena.
Cristina le respondió con una sonrisa y anduvo hasta su asiento, de la mano de Rocío, en la zona preferente. Esa mujer la había puesto nerviosa. Cristina estaba solamente de tres meses y todavía no se lo había dicho a sus padres. Álvaro había prometido que lo guardarían en secreto hasta después del estreno, pero estaba claro que no lo había hecho.
El anuncio de su embarazo le había caído cómo una jarra de agua fría. Lo habían estado buscando, sí, pero después de encontrarse con Aurélie varias veces en su casa, empezaba a sospechar que Álvaro la engañaba y quiso echarse atrás. Álvaro la convenció para que siguiera adelante, que no tenía nada con la joven Aurélie, que la quería solamente a ella y que, era lo que estaban buscando. Un precioso bebé al que darle su amor.
Las luces del teatro se apagaron y la obra empezó justo cuando Cristina notó un gran dolor en la parte baja de su vientre.
Cristina Noyes © 2012
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