martes, 10 de julio de 2012

Capítulo 3.



Pasó por su oficina a las diez de la mañana. Se había vestido con una camisa blanca, con los dos botones de arriba abiertos, unos pantalones tejanos oscuros y un chaleco a juego. Llevaba su teléfono móvil en la mano y parecía nervioso.

-El Doctor Harper le atenderá en breves. Puede esperar aquí -Dijo después de entregarle su DNI para poderse identificar. La nueva secretaria le indicó que podía sentarse en unos sofás que parecían cómodos. Sabía que era nueva puesto que la semana pasada no estaba, y ésta no le conocía.

-¿Le ha pasado algo a Vanesa? - Preguntó él, con cautela.

-Se ha tomado unas semanas se vacaciones, yo estoy en su sustitución - la chica le dedicó una gran sonrisa y volvió a hacerle caso al monitor de su ordenador. Empezó a teclear rápidamente y cogió el auricular del teléfono.-El señor Pérez Marco ha venido a verle.-Esperó un rato, en silencio y después asintió.- Ahá, está bien.- Cuando colgó, miro sonriente a Carlos y le dijo.- Puedes pasar, te está esperando.



Carlos anduvo por el pasillo hasta el despacho, abrió la puerta lentamente y ahí estaba Benjamin, esperándole con una de sus mejores sonrisas.

-¿Cómo estás, Carlos? -Preguntó él, indicándole que podía sentarse en el diván para las consultas.

-Bastante nervioso, por eso he querido adelantar la cita, han pasado cosas… - Carlos se tumbó en el diván, dejando en una mesa su teléfono móvil y su cartera. El doctor Harper se levantó de su escritorio y se sentó en la silla que había al lado de Carlos.

-Cuéntame -Llevaba muchos años viéndole y Carlos le había indicado, tiempo atrás, que podía tutearle.

-Hace una semana que ha vuelto.

-¿Quién? - El Doctor cogió una libreta y empezó a apuntar las cosas que creía convenientes de la conversación que iba a tener con Carlos.

-Cristina - El volver a decir su nombre hacía que su piel se erizara.

-Hacía mucho que no hablábamos de ella 
- Le indicó el psicólogo.- Así que ha vuelto. ¿Cómo?

-Me la encontré en una cafetería, me dijo que quería hablar conmigo y me pidió perdón.

-¿Cómo fue, cómo te encontró?

-No lo sé. Simplemente escuché su voz por encima del ruido de la cafetería, y al girarme ahí estaba ella. Nos sentamos en una mesa, apartada de la gente, para poder hablar. Pero ninguno de nosotros habló.

-Os quedasteis callados.

-Sí. En silencio. Ella fue la que habló.

-¿Qué dijo?

-Lo siento - Carlos se calló.

-¿Solamente dijo eso?

-Solamente eso. Nada más. No pudo. Empezó a temblar y al final se marchó. Corriendo. Otra vez.- Benjamin no iba a decir nada más durante esa sesión. Carlos ya estaba encaminado. Tenía que dejar que hiciera sus pausas, sus suspiros y él le iría contando todo, todo lo que había sentido.- Así que cuando se marchó me fui a casa, me tomé un té y me metí en la cama. Después, cuando me desperté, ya era de noche, pero salí a la terraza y me puse a escribir. Una canción.

-Para ella - Dijo Benjamin.

-Nunca va a escucharla. –Carlos volvió a callarse.- ¿Sabes? Cuando la vi, por un momento desaparecieron estos cuatro años de mi mente, desapareció la boda, y volví al día en que nos conocimos. En aquel concierto, en aquella sala en la que se quejó de mis fans y de su dolor de cabeza por haber salido de fiesta. Recuerdo sus ojos como si hiciera nada que los hubiera visto. Recordé cada una de las palabras me que dijo aquél día y recordé lo bien que nos lo pasamos en nuestra primera cita. Recordé los buenos momentos y deseé abrazarla con todas mis fuerzas y no dejarla ir nunca. Nunca. Pero no sé qué le pasó, vi miedo en sus ojos. Otra vez.



La cocina se le daba bastante bien. Más que bastante bien. En casa era ella la que cocinaba. Rocío solía hacer otras cosas mientras Cristina cocinaba. Había empezado a cocinar después de la boda. De la No boda. Para evadir los recuerdos y centrarse en otras cosas, y así cogió la táctica. Cocinaba siempre que algo la atormentaba y no la dejaba dormir. Cocinaba cuando en su mente había caos y tal era el caos que había ahora, que había preparado un primer plato, un segundo plato, estaba haciendo una ensalada y en su mente estaba repasando la receta para hacer el postre.

-¿Quieres que te ayude en algo? –Preguntó Rocío entrando en la cocina.

-Puedes empezar a fregar todo esto.- Cristina le señaló algunos utensilios de cocina, platos y sartenes.- Ahora no los voy a necesitar, lo que voy a necesitar va a ser espacio.

-¿Viene alguien a comer? -Preguntó Rocío, cómo quién pregunta de qué color eran los azulejos del baño.

-No - Dijo Cris y dio media vuelta, mirando a Rocío. Había dejado en el mármol el cuchillo con el que estaba troceando una cebolla y se la miró seria.- No va a venir nadie a comer.

-Entonces tendremos que guardar esta comida. Has hecho comida para una semana.- Pero Rocío sabía por qué había hecho algo, sabía que su amiga, en los malos momentos, cocinaba.-¿Estás bien?

-No - Dijo Cristina y volvió de nuevo a la cebolla.-He intentado llamarlo. Diez veces. Pero no puedo darle al botón verde y hacer la llamada. A veces no he podido ni descolgar el teléfono.

-Creo que tienes un problema –Dijo Rocío seriamente.- Y esta vez, te lo digo enserio. Tienes un problema fuera de los ataques de pánico y fuera de la cocina. Llevan un mes aquí y sólo has podido decirle que lo sientes. Creo que va siendo hora de que hablemos con un profesional.





Cristina Noyes © 2012

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