martes, 10 de julio de 2012

Capítulo 5.




El sol, de buena mañana, bañaba las calles de Madrid. Los martes no solía haber mucha gente por la calle, los turistas aún seguían durmiendo. Quedar a las ocho de la mañana no era una buena idea, y menos para ella, pero no le quedaba otra. No quería ver a nadie, solamente a una persona, a una persona que había echado de menos durante mucho tiempo.

La estaba esperando delante de una tienda de ropa bastante conocida. Llevaba ya cinco minutos. Había aprendido que a veces llegar pronto es esencial, y durante este tiempo es lo que había estado haciendo. Había cambiado varias cosas en su vida. Llegar pronto a los sitios, incluso antes de hora, era una de esas cosas. Aprender nuevas recetas cuando todo iba mal, otra. Combinar ropa de más de un color era otra. Había cambiado sus colores base, ya no lo eran el negro y el gris, ahora eran colores más llamativos, como el amarillo, el rojo o el azul. El verde solía evitarlo.

Cuando la vio, al otro lado de la calle, estuvo a punto de llorar, pero no iba a hacerlo. Tantos años lejos de aquella persona habían sido muy duros, demasiado. Por eso, cuando Yolanda acabó de cruzar la calle, Cristina se le tiró encima en un gran abrazo. Le volvieron a la memoria todos los buenos momentos. Los abrazos, las risas, los besos, las comidas preparadas, las llamadas telefónicas. Y la distancia. La distancia que había habido siempre entre ellas cuando Cristina vivía en Barcelona, la distancia que se rompió al venirse a vivir a Madrid. Y, otra vez, la distancia que Cristina había vuelto a imponer por su marcha a Barcelona.

-Me he prometido a mí misma que no iba a llorar. –Yolanda se secó las lágrimas que le corrían rostro abajo y se separó de su amiga.

-Lo siento, lo siento Yoli, de verdad, lo siento mucho - Cristina había empezado a llorar, de nuevo. Nada más levantarse, había pensado cómo sería volver a ver a Yoli, a la que había sido su mejor amiga por mucho tiempo, y después de todo aquello y se había puesto a llorar.

Cristina lloraba a todas horas y todo lo que podía. Había aprendido que tragándose las lágrimas y las ganas de llorar no iba a ninguna parte. Cuando se marchó con Álvaro, al principio todo fue bien. Todo era muy bonito, muy divertido. Se sentían cómo Romeo y Julieta. Huyendo de la gente. Barcelona les había parecido un buen lugar para instalarse, y todo fue bien durante el primer año. Habían conseguido un precioso piso en el barrio de Gracia. Ambos habían conseguido un trabajo bastante estable, ¡¡y hasta habían hablado de tener hijos!!

Pero todo empezó a ir mal al pasar el nuevo año. Una nueva chica, Aurélie, entró en la compañía de teatro en la que Álvaro daba clases. Al principio todo fue bien, es una chica nueva muy simpática, agradable. Pasaba las tardes con Álvaro, ensayando en el local y a veces se iba a casa de Cristina y de Álvaro. A ella le caía bien, pero notaba algo extraño, no acaba de confiar en ella.

Así se lo estaba contando a Yolanda, mientras las dos desayunaban en una pequeña cafetería. Cristina no paraba de gesticular y de dejar el tenedor para hablar.

-Y, Álvaro se presenta un día en casa y me dice que tenemos que acabar lo nuestro. ¿Sabes lo que es eso? Empecé a tirarle la vajilla, como si de una novela se tratase, igual. El mundo se me cayó encima, Yoli.- Cristina se quedó callada. Eso ya le había pasado más veces, explicar su historia, explicar la historia de cómo Álvaro la había dejado y acordarse de Carlos y de lo que ella le hizo.


-¡Tenía que haberme casado con Carlos!- Le gritó a Álvaro, lanzándole una taza de café que le había regalado su madre. - ¡Seguro que él ahora está con la puta de Verónica, porque yo les dejé el camino libre! ¡Por tu culpa, por tu culpa!- Repetía una y otra vez, lanzando platos, vasos. El suelo estaba lleno de cristales. Álvaro la observaba desde el otro lado del comedor. Cristina empezó a llorar y se dejó cae hasta el suelo, tapando su cara con sus manos.-Tenía que haberme casado con él, pero te hice caso…

-Yo no te dije que no te casaras con él - Le gritó Álvaro.

-¿Qué no me lo dijiste?- Cristina empezó a chillar de nuevo.- ¡Me lo dijiste! ¡Muchas veces, perdí la cuenta de cuantas veces me lo dijiste!- Cristina empezó a tirarle a Álvaro los trozos que había por el suelo. Cristal, porcelana. Pronto se mezclaron con la sangre de sus manos.

-Mira lo que estás haciendo, te estás cortando - Álvaro se arrodilló, para ayudarla.

-¡Que no me toques! ¡Que te largues con ella!- Cristina se quedó en el suelo del comedor, llorando y con las manos llenas de sangre.



-Pero… ¿Las cosas iban mal? –Preguntó Yoli.

-¿Tú qué crees? –Cristina la miró a los ojos.- Álvaro no pasaba muchas noches en casa, salía, con sus amigos, según me decía él. Empecé a sospechar. Todo era una mierda.- Confesó Cris.- Y empezaron mis ataques.

-¿Ataques?- Yolanda estaba preocupada por su amiga.

-Cuando me preocupo mucho por algo, me dan ataques de pánico, de ansiedad, me cuesta respirar y llego a perder el conocimiento. No te preocupes, está todo controlado.- Cristina trataba de tranquilizar a Yolanda.- Todo está bien ahora.


Después de que Yolanda le explicara cómo vivía ahora, dónde y con quién, con David y sus dos preciosos hijos. Cristina rechazó ver fotografías. Le dijo que prefería verlos en persona, si le dejaba claro está. Yolanda le dijo que era idiota si pensaba que no le dejaría ver a sus hijos.

-Carlos llamó el otro día a David y le dijo que habías vuelto. –Le soltó de sopetón. Cristina se tapó la boca con las manos y miró a los ojos a su amiga.- No le he dicho a David que estaba aquí contigo. Tampoco le he dicho que yo te dije dónde y cuándo poder encontrar a Carlos.

-No quiero causarte problemas, Yoli, de verdad.

-No me los causas, pero ahora que has venido, tienes que arreglar esto. Quedar, al menos, como amigos.

-No puedo hablar con Carlos.- Le confesó Cris.- El otro día me dio un ataque. Tuve que marcharme a casa. No podía respirar y no dejaba de temblar. No puedo verlo Yolanda, si lo veo una vez más, va a darme algo, de verdad.





Cristina Noyes © 2012

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