-¡¡Haz el favor de no correr por el pasillo cuando llevo los platos!!- Gritó mientras la niña, sin hacerle caso, seguía corriendo por el pasillo, seguida de su hermano. Dejó los platos encima de la mesa y volvió a la cocina para buscar los cubiertos. -Ainara, podías ayudarme antes de que venga papá. ¿No? Y dejar de correr.
-Pero es que Nicholas quiere coger mi muñeca –Dijo la niña, poniéndole cara de pena a su madre.
-Nicholas no va a cogerla, porque se va a quedar aquí sentado –Yolanda caminó pasillo arriba y cogió a su hijo en brazos, lo llevó hasta el comedor, lo sentó en el sofá y le puso su canal preferido de dibujos animados en la televisión.- ¿Verdad cariño?-Le dijo con una sonrisa y lo besó en la frente.
-Pero… ¡No es justo, mamá!- Exclamó la niña.
-Es justo. Ayúdame a poner la mesa o le daré la muñeca para que le haga lo que quiera.
Ainara se fue refunfuñando hasta la cocina, abrió el armario dónde estaban las servilletas y las llevó alegremente hasta la mesa. Las colocó, las cuatro servilletas, bajo los cubiertos y después, dando otro paseo, fue a buscar los vasos. Dos eran de cristal, para sus padres, y dos eran de plástico; uno verde y otro rosa. Uno para su hermano pequeño y otro para ella. De pronto, escuchó la puerta y salió corriendo, al grito de “Papá, papá”. Igual que el pequeño Nicholas, que apenas balbuceaba.
David los abrazó a los dos, cogió a Nicholas y lo elevó del suelo.
-Papi, la comida ya está hecha - Dijo la pequeña Ainara tirando de su camisa para llamar su atención.
-Perfecto, porque tengo hambre.-Pasó al comedor, dejando a los chicos allí. También dejó su chaqueta y se encaminó por el pasillo. Subió la escalera que llevaba al segundo piso y buscó a su mujer.
-Estoy aquí arriba.- Dijo ella. Él entró por la puerta de la habitación, rodeó su cintura con sus brazos y la besó en el cuello, por la espalda.- Estaba guardando esta ropa.
-Ya huelo a limpio. ¿Cómo se han portado los niños?
-Bien, hemos ido al parque, con las bicicletas. Nicholas se ha caído. ¿No te ha enseñado la tirita que lleva en la rodilla? Ha sido todo un hombre, no ha llorado.
-Tampoco le habrá salido mucha sangre.
-No, pero ya sabes cómo es Ainara. No ha parado de chincharlo toda la mañana. ¿Cómo te ha ido a ti?
-Eh... Ya hablaremos de eso cuando los niños no estén por aquí. ¿Vale?
A Yolanda le pareció bien, si tenía algo que contarle, sería sin los niños correteando. La familia se puso a comer, Yolanda sacó del horno el pescado que llevaba toda la mañana preparando, después de haber ido con los niños y las bicicletas al parque. Todos comieron rápidamente y después, Ainara fue la encargada de quitar la mesa. Después los niños salieron al jardín a jugar en la pequeña piscina hinchable que les habían puesto durante el fin de semana.
David y Yolanda se sentaron en el sofá, a ver la televisión. David no sabía cómo empezar esa conversación, había estado días evitándola, pero notaba que tenía que decírselo. Tarde o temprano se acabaría enterando, y quería que fuera él quién se lo dijera.
-Tengo que contarte una cosa.- dijo David.
-Es verdad, me lo has dicho antes.- Yolanda dejó a un lado su libreta de apuntes. Estaba haciendo una traducción de una película, se lo habían encargado en el trabajo y estaba aprovechando su tiempo libre.- Cuéntame.
-Esta mañana me ha llamado Carlos.
-Oh, ¡Qué bien!- Dijo ella. Después del incidente con Cristina, Carlos y ella se habían distanciado y ahora, el puesto de mejor amigo de Carlos lo ocupaba David. El grupo se había roto y cada uno había seguido su camino, pero ellos dos seguían en contacto y Carlos solía venir a cenar alguna noche que otra a su casa.- ¿Cómo le va la terapia?
-Mal. Me ha llamado, ha recaído.
Después de que Cristina se largara con Álvaro en su boda, Carlos tuvo que visitar a psicólogos. Se había sumido en una profunda depresión rápidamente. Cristina le llamó para que se llevara todas las cosas de su casa en un mínimo de una semana. El piso ya lo había puesto en venta, obligando así a que Carlos tuviera que buscarse un nuevo hogar rápidamente. De Álvaro no supimos nada. Carlos seguía entre médicos, psicólogos y alguna que otra pitonisa que le prometía que su amor verdadero volvería. Intentó volver con Verónica, pero le fue imposible, no la quería y no se iba a engañar. Cayó en una dependencia de algunas de las pastillas que le habían recetado, y entró seis meses en una clínica de desintoxicación.
Pensábamos que lo perdíamos. Pero durante este último año todo le iba mejor. Había estado saliendo con varias chicas, estas relaciones no le habían durado mucho, nunca quiso decirnos cuál era el problema, pero todos lo sabíamos, su problema tenía nombre y apellidos.
No había conseguido olvidarla, ni con psicólogos ni con las pastillas, y eso era algo duro de llevar, y más para él. Ahora había encontrado un trabajo formal en una agencia de publicidad y todo parecía irle bien. No me esperaba aquella recaída.
-¿Ha vuelto a las pastillas?-Pregunté.
-Me ha dicho que sólo lo ha hecho una vez. La semana pasada, se tomó tres, para poder dormir mejor.
-¿Qué ha pasado, qué le ha hecho recaer?
-Cristina.
-Eso ya lo sabemos.- Dijo Yoli sin darle mucha importancia.
-No, Yoli. Cristina ha vuelto.- Un escalofrío le recorrió la espalda. El momento había llegado. Tarde o temprano se enterarían de que Cristina estaba ahí con su ayuda.
Cristina Noyes © 2012
-Papi, la comida ya está hecha - Dijo la pequeña Ainara tirando de su camisa para llamar su atención.
-Perfecto, porque tengo hambre.-Pasó al comedor, dejando a los chicos allí. También dejó su chaqueta y se encaminó por el pasillo. Subió la escalera que llevaba al segundo piso y buscó a su mujer.
-Estoy aquí arriba.- Dijo ella. Él entró por la puerta de la habitación, rodeó su cintura con sus brazos y la besó en el cuello, por la espalda.- Estaba guardando esta ropa.
-Ya huelo a limpio. ¿Cómo se han portado los niños?
-Bien, hemos ido al parque, con las bicicletas. Nicholas se ha caído. ¿No te ha enseñado la tirita que lleva en la rodilla? Ha sido todo un hombre, no ha llorado.
-Tampoco le habrá salido mucha sangre.
-No, pero ya sabes cómo es Ainara. No ha parado de chincharlo toda la mañana. ¿Cómo te ha ido a ti?
-Eh... Ya hablaremos de eso cuando los niños no estén por aquí. ¿Vale?
A Yolanda le pareció bien, si tenía algo que contarle, sería sin los niños correteando. La familia se puso a comer, Yolanda sacó del horno el pescado que llevaba toda la mañana preparando, después de haber ido con los niños y las bicicletas al parque. Todos comieron rápidamente y después, Ainara fue la encargada de quitar la mesa. Después los niños salieron al jardín a jugar en la pequeña piscina hinchable que les habían puesto durante el fin de semana.
David y Yolanda se sentaron en el sofá, a ver la televisión. David no sabía cómo empezar esa conversación, había estado días evitándola, pero notaba que tenía que decírselo. Tarde o temprano se acabaría enterando, y quería que fuera él quién se lo dijera.
-Tengo que contarte una cosa.- dijo David.
-Es verdad, me lo has dicho antes.- Yolanda dejó a un lado su libreta de apuntes. Estaba haciendo una traducción de una película, se lo habían encargado en el trabajo y estaba aprovechando su tiempo libre.- Cuéntame.
-Esta mañana me ha llamado Carlos.
-Oh, ¡Qué bien!- Dijo ella. Después del incidente con Cristina, Carlos y ella se habían distanciado y ahora, el puesto de mejor amigo de Carlos lo ocupaba David. El grupo se había roto y cada uno había seguido su camino, pero ellos dos seguían en contacto y Carlos solía venir a cenar alguna noche que otra a su casa.- ¿Cómo le va la terapia?
-Mal. Me ha llamado, ha recaído.
Después de que Cristina se largara con Álvaro en su boda, Carlos tuvo que visitar a psicólogos. Se había sumido en una profunda depresión rápidamente. Cristina le llamó para que se llevara todas las cosas de su casa en un mínimo de una semana. El piso ya lo había puesto en venta, obligando así a que Carlos tuviera que buscarse un nuevo hogar rápidamente. De Álvaro no supimos nada. Carlos seguía entre médicos, psicólogos y alguna que otra pitonisa que le prometía que su amor verdadero volvería. Intentó volver con Verónica, pero le fue imposible, no la quería y no se iba a engañar. Cayó en una dependencia de algunas de las pastillas que le habían recetado, y entró seis meses en una clínica de desintoxicación.
Pensábamos que lo perdíamos. Pero durante este último año todo le iba mejor. Había estado saliendo con varias chicas, estas relaciones no le habían durado mucho, nunca quiso decirnos cuál era el problema, pero todos lo sabíamos, su problema tenía nombre y apellidos.
No había conseguido olvidarla, ni con psicólogos ni con las pastillas, y eso era algo duro de llevar, y más para él. Ahora había encontrado un trabajo formal en una agencia de publicidad y todo parecía irle bien. No me esperaba aquella recaída.
-¿Ha vuelto a las pastillas?-Pregunté.
-Me ha dicho que sólo lo ha hecho una vez. La semana pasada, se tomó tres, para poder dormir mejor.
-¿Qué ha pasado, qué le ha hecho recaer?
-Cristina.
-Eso ya lo sabemos.- Dijo Yoli sin darle mucha importancia.
-No, Yoli. Cristina ha vuelto.- Un escalofrío le recorrió la espalda. El momento había llegado. Tarde o temprano se enterarían de que Cristina estaba ahí con su ayuda.
Cristina Noyes © 2012

No hay comentarios:
Publicar un comentario